Al Caribe lo llevo en el alma, la savia del bosque lluvioso recorre mis venas, el oleaje palpita en mí, y era antes yo un simple agricultor que cocinaba en un fogón viendo las oropéndulas volar a sus nidos en la tarde, un guía de turismo de historia natural retirado y amante de la etnobotánica. Trepaba los arboles de fruta de pan, era el líder de una jauría, y tenía por objetivo morir algún día viendo el azul del mar. En eso todo cambió súbitamente, poco tiempo después me hallaba en la capital lejos del mar y la selva, sin percatarme me hice economista y hoy soy consultor financiero, mercader de metales preciosos y criptodivisas. Muchos considerarán que ahora estoy mejor, sin embargo no creo que sea así, dejaría todo con mucho gusto por regresar a aquel paraíso en el que caminaba por entre la tupida selva descalzo siendo un infante.