El perfume de su piel era la gloria, dulce pero peligrosa. Su energía me llenaba, hasta lo más profundo de los huesos, donde nadie mira, donde nadie conoce, donde todo es paz y el amor vive escondido, reinando con libertad entre los cánticos de victoria que exclama su voz al bailar entre cada rincón, recorriendo los nadis de prana que limpia y fortifica.