Conocido también como el Lago de Valencia, un sereno y hermoso cuerpo de agua dulce que esconde una gran contaminación y un temor latente ante su crecida en temporada de lluvia.
Es el segundo lago más grande de Venezuela -luego del lago de Maracaibo- y la cuenca de agua sin salida al mar más grande del país.
Pero esto no parece ser de importancia, este imponente recurso natural ha sido mal empleado, permitiendo que los niveles de contaminación lleguen cifras alarmantes.
En múltiples ocasiones el gobierno nacional y regional ha recibido los recursos económicos para iniciar su saneamiento, lo cual aún no se ha realizado.
Año tras año los ciudadanos que viven a su orilla e islas sienten un gran temor de perder sus viviendas cuando llega la temporada de lluvias, sumándose a esto, el riesgo de contraer enfermedades infecciosas.
Las familias afectadas han perdido las esperanzas ante la falta de respuestas por parte de los entes gubernamentales y, aunque no tienen a dónde ir, ya empiezan a recoger las cosas que pueden salvar para retirarse de la zona, pues el agua ya se mete hasta las habitaciones y las lluvias no parecen que vayan a parar pronto. Fuente
La belleza y serenidad de esta importante cuenca de agua dulce en el centro de Venezuela, se extingue ante la putrefacción y contaminación generada por la desembocadura de las aguas residuales de varios sectores de Carabobo.
Lago de Tacarigua: otro reflejo de un país en desidia.
Fotos tomadas por mi persona con la cámara de un iPhone 4S durante la cobertura de la crecida del lago en septiembre de 2017
PD: luego de esa cobertura duré un mes con una leve parálisis facial producto de la infección por la picada de un mosquito en Isla La Culebra.