El ser humano es inconformista por naturaleza, siempre tendemos a querer más de lo que tenemos y, en la mayoría de los casos, también ansiamos eso que no tenemos. En los calurosos días de verano queremos que el invierno entre en nuestras casas y se lleve ese sofoco que nos hace sudar... y cuando el invierno aprieta nos acordamos de esos días en los que el abanico se nos queda corto.
En España el invierno que llevamos hasta ahora ha sido bastante suave, algún día de frío, pero la mayoría con temperaturas que podían llegar hasta los 18-20 grados. Pero, aunque a veces tarde, el invierno siempre llega y ahora lo ha hecho con toda la fuerza de la naturaleza, temperaturas bajo cero y un aire gélido que te corta el alma...
Son estos momentos en los que te agarras a cualquier cosa que te haga entrar en calor, aunque de modo más psicológico que real. Aquí, después de varios días nublados, de mucho viento y lluvia, esta tarde ha habido un resquicio de luz, un rayito de sol que ha ido a iluminar unas flores con un rojo intenso que me ha hecho entrar en calor de manera momentánea.