En esos paseos recurrentes en mi vida...
Caminando una y varias veces por el corta fuegos del parque nacional El Ávila, siempre me ha sido grato encontrarme con este par.
A quienes llame como: ''dos hermanos''
Captados por mí, una vez y otra vez. En dos etapas, en dos transiciones y mostrando dos caras de ellos mismos.
Dejando registro de que el tiempo es indetenible e implacable, pero a la vez justo y misericordioso para quienes se quedan detenidos allí para poder verlo.
Así como ellos, estáticos testigos del correr del tiempo, siempre me doy la oportunidad de verlos... De contemplarlos.
De envidiarlos.
Lo único que me reconforta es, que pude dejar mi registro también.
E irónicamente fue ''deteniendo el tiempo'' privilegio que tenemos muchos con esto de tomar fotografías. Pero se, que pocos entienden la magnitud de esta responsabilidad.
Aún recuerdo en esos dos lapsos de tiempo las sensaciones y horas diferentes que fueron tomadas cada una de estas postales.
En la primera era muy cercano al medio día, estaba solo, el olor a verde y petricor de una lluvia temprana invadía mi olfato, la sensación de una gota de sudor corriendo por mi frente y que inmediatamente era secada por una suave brisa que venia del sur.
En la segunda, la paz de la tarde... El camino solitario, la compañía de geniales personas. Yo gritándole a varios de ellos ''¡¡
y Sancho fuera de mi encuadre!!'' el calor del sol de esa hora tardía que calentaba mi lado derecho del rostro mientras trataba de recordar el punto exacto donde muchos meses atrás había realizado la primera toma.