El caminante recuerda de joven que cierta vez fue acusado de un robo que no cometió; camino hacia la playa antes de llegar al instituto donde estudiaba, encontrándose con el abuelo; le comentó lo sucedido, el viejo del mar le dijo: - ven siéntate y te relataré una historia parecida que ocurrió en la antigua Roma. - Resulta que un hombre muy piadoso tenía una librería y a ella acudía una dama de la alta sociedad, ella compraba libros de su interés y luego le gustaba hacer comentarios con el librero.
La dama resultó asesinada por familiares que ejercían cargos públicos; ¡claro, querían quedarse con su fortuna! necesitaron un -chivo expiatorio, un culpable- al revisar las salidas de la dama descubrieron la amistad con el librero. Enviaron por él, con orden de arresto inmediato y le levantaron cargos de asesinato por envenenamiento. El buen hombre no tenía para pagar un abogado en su defensa, solo tenía la fe en Dios- su Creador.
En el juicio hubo un acuerdo unánime de tratarlo con benevolencia, pues los jurados no creían en su culpabilidad. El juez que era cómplice del crimen dijo: Sabemos que eres creyente de Dios, echaremos en esta urna dos hojas, una con la palabra inocente y la otra culpable; que tu Dios te ayude. Él librero oró silenciosamente, pues sabía que había trampa; el fiscal le vendo los ojos y un soldado le paso la urna para que sacara una hoja. Espero breves minutos, que resultaron eternos para los presentes.
Al rato se tragó el papel que sacó; para asombro de todos, los testigos del juicio empezaron a gritar… ¡que se lea el papel que quedó en la urna!... En presencia de todos salió el culpable, al torcido juez no le quedó otra opción que absolverlo- El abuelo le dijo al joven caminante: - ve con el corazón tranquilo, el poder divino trabajará a tu favor.
*Nota: Está publicación pertenece al mismo autor del blog: https://whaleshares.io/@caminante
Y del canal de YouTube -Soy Caminante-