Miren, contemplen el abismo de la noche,
Lenta travesía, parsimoniosa, a la nada
Ahogo de ilusiones cotidianas.
Ser arrastrado a la penumbra, y, luego, qué, la puna nada.
No te desahogues ante el gélido vacío.
No cargues tampoco con la desidia y el encierro.
Para quién sino para tí es este lento desvelo.
Regocíjate, porque estás cansado y agobiado.
Es la garantía de haber vivido.
Una ronda, alrededor de un fuego,
celebremos al dios, desnudos,
Yo y todos mis yos,
¿Acaso no te bastas a ti mismo?
Ahora, ve, sin volver la cara,
Entrégate al misterio.
(Fotografía de mi autoría)