Qué cosa más ilógica es este amor, esta obsesión,
Y cuanto más ilógica más se aferra mi ánimo a esta herida,
¡Pues cuánto duele y de qué manera la siento sangrar!
Y aunque a veces sienta un desespero con el cual no sé qué hacer,
Por lógica elemental sé que, al menos, no es herida mortal,
Pues de amor nadie se muere,
O al menos de este tipo de amor.
Cuando valiente me siento al corazón le digo con desdeño:
«¡Cállate, pendenjo!»
Y devotamente pido a mi Señor que me dé la fuerza que no quiero tener para hacer lo que debo hacer,
Que en su Bondad me recompense con un consuelo mayor por el desconsuelo de decirte adiós.