Tus ojos color miel se transparentan cuando la luz de la ventana se refleja en tu cara.
Tus mejillas suaves como un durazno siempre acarician mis manos y mi rostro como para que nunca me olvide de ellas.
Esa sonrisa majestuosa que muestras cuando me hablas.
Oh que bella eres mujer.
Me arrullas en esa vieja mecedora mientras me cantas una linda melodía y tomas con uno de tus dedos mi mano.
Jamás había visto tanta belleza.
¿Será que esto es amor?
Qué bonito se siente entonces amarte querida madre.
Siempre calmas mis llantos y haces que sonría de la nada.
Siempre estás conmigo a pesar de que no te diga nada.
Eres, y serás siempre el amor más grande que me ha dado la vida.
Esa vieja mecedora con sus sonidos extraños con tu vaivén hacía el dúo perfecto con tu hermosa voz cantándome y mimándome.
Me miras como si fuera lo más grande que tuvieras, y yo te miro como lo más grande que tengo porque es así.
Sobre tu pecho tibio duermo acobijada con tus alas que me protegen de todo y de todos.
Que bella eres mujer…