Recuerdo esa sonrisa que cautivo mis sentidos,
cuando mostraste interés por saber de mi
y sin más comenzamos a hablar.
Para mi cada palabra era un verso de cercanía
donde dejábamos fluir las conversaciones
y nadábamos en aguas profundas llegando
a aquella isla donde nos encontramos por fin.
Y desde allí, juntos decidimos partir en la misma balsa
remando unidos por esto tan mágico que sucedió, llamado amor.