Mejor signo de libertad no encuentro,
que esta noche a solas sin miedo al teléfono...
Babeando deliciosamente la almohada,
la pierna atravesada, el camisón enrollado...
Oscuridad total como me gusta
y la seguridad
de que nadie perturbará
mis sueños
hasta que yo misma lo determine...
Noche autónoma de absoluto silencio,
en la que empiezo,
como nunca antes,
a gustar de mí...