Estando atado a la nada
Estando atado a la nada
me vuelvo más insensible,
me siento invisible.
No me muevo ni salgo a sentir la vida.
¿Por qué lo haría,
si aquí, en las tinieblas,
tengo todo lo que quería?
Dependo de todos,
dependo de nadie;
soy la sombra de mis sueños
que apenas va creciendo.
Siento el encierro,
pero no veo el beneficio de salir de él.
Estando atado a la nada
me vuelvo más temible:
el humor que tuve alguna vez
ahora es terrible,
la angustia de no poder pensar
más que en mis propios sentimientos.
Ese sentimiento de no poder ayudar a nadie,
ya que nadie oye mis pensamientos;
ese ser que crece dentro, muy dentro,
y se come todos aquellos recuerdos
donde pensé que estaba contento.
¿Esto es la depresión?
¿Será que sufro de ansiedad?
Y si de esto se trata,
¿cómo puedo sanar esta enfermedad?
¿O simplemente me estoy adaptando
cada vez más a la sociedad,
donde lo único que importa
es cuánto dinero tengas
y no tu humanidad?
Ya no hay amabilidad:
solo te miran para ver qué llevas puesto
y te destratan si hueles mal.
No hay sinceridad
y cada palabra se siente
como un cuchillo directo
a tu verdadera voluntad.
Por eso sigo atado a la nada:
pues ya no quiero ver
en lo que se convirtieron los demás.