Tengo tantas lágrimas acumuladas
en la garganta
de no haber podido tragármelas a tiempo
que estoy a punto de ahogarme.
Me he hecho demasiados cafés
con agua de (a)mar
que siempre saben salados
y queman demasiado.
Tengo el corazón en oferta
que quererte me ha salido muy caro
y con la calderilla de otro bolsillo
me da para uno nuevo.
Hace tiempo que no bebo;
desde aquel invierno en el que
salió cara y dije cruz,
por no cruzarle la cara
a quien tantos años
supo llenar la copa que rebosaba.
Así que,
échale (un) polvo al pasado
y pasa la fregona,
que me duelen las manos de escribir
y los ojos
-del frío, digo.
¿Qué haces despierto?
Vuelve a la cama
que no te espera nadie
y por fin tienes lo que nunca deseaste.
Nadie.
Nunca.
Nada.
Yo.
Sin mí.
Pero contigo.
Imagen de Seeing Berg