Ésta es la última vez que escribo,
no vaya a ser que alguien termine por entender este caos.
¿Y qué decir?
Sigue lloviendo igual que el mes pasado,
estamos en enero
y lo de dejar de fumar tendrá que esperar al año que viene.
Cada noche enciendo la luz tres veces,
para asegurarme de que estoy sola.
A veces, mientras busco el mechero en mi bolsillo
junto a la ventana de su piso
me gusta mirar hacia abajo
y calcular los metros de caída libre hasta el asfalto.
No me des la espalda
Suciedad.
Saliste de mi casa cuando empecé a llorar
y ahora está todo sucísimo.
No recuerdo cómo ser yo sin actuar
y no encuentro la forma de explicar todo esto
a las personas que quiero.
He escrito cuatro cartas intentándolo
y todas terminan siendo de suicidio.
Hay un señor que al pasar por mi casa cada tarde, recoge las colillas de mi portal.
Y se las fuma. Yo le miro por la ventana, mientras suena en replay y con el volumen a tope,
la lista de cosas que podría haber hecho diferente, de mi culpa, de la suya y de ninguno.
De lo absurdo y lo importante
y me entra la risa y lloro
y otra pesadilla.
**La imagen no me pertenece