Comienza un nuevo día
y el señor lobo se despierta
mientras observa su alrededor
con la tranquilidad incierta.
Todos los problemas
le han pasado factura.
Ahora se siente desolado
y nadie le ofrece su ayuda.
Él era un gran campeón
en campos llenos de minas.
Actualmente camina solo
por calles que están en ruinas.
Caperucita, hábilmente, lo engañó
y ante el pueblo se hizo la víctima:
obviamente, cada persona le creyó
pues no sabían que era una cínica.
El lobo se volvió muy solitario,
en nadie más quería confiar:
no le tenía miedo a la muerte,
sólo temía que le fueran a fallar.
Y así llegó el cruel invierno,
pero nadie lo fue a visitar.
Sus órganos no eran de acero:
pronto dejarían de funcionar.
"Caperucita, te amo demasiado",
repetía antes de irse a acostar,
pero estaba totalmente solo:
ella no pensaba en regresar.
Afuera nevaba incesantemente
y él muy poco se podía refugiar
pues, ante aquella tormenta
sólo quería a alguien abrazar.
Medinowski ©