Si algo me enamoró, fue su sonrisa, y la magia existe en ella.
Ella, sin saberlo un poder grande tiene sobre mi.
Solo con ver esa sonrisa en mi corazón se genera el mismo calor que emana siempre de sus manos.
Manos donde habita su amor, que hace llegar a mí con sus caricias, removiendo de mi rostro cualquier rastro de tristeza.
Su sonrisa era una orden a mis manos a tomar las suyas (manos que jamas quise soltar).
Un día descubrí una sonrisa diferente en Ella, una que solo aparecía después de cada beso, en especial aquellos que nacían de encuentros que se daban luego de largos días solitarios que permitían extrañarnos, cuando sonreía de esa manera todo dejaba de existir, solo había espacio para nosotros y solo había tiempo para quedarme como un tonto embelesado ante aquella sonrisa que en sus labios se pintaba y me quedaba pensando qué si muriera en ese momento la luz al final del túnel hubiese venido de sus labios, pues allí el paraíso se encontraba.
Me encontraba tal cual aquel lobo que se enamora de la luna.
...
Tristemente, solo quedan millones de fotografías flotando, fotografías que llenan de calor mi corazón, fotografías que entre todas logran armar su hermoso rostro con aquella sonrisa que alguna vez fue sólo para mi, fotografías que me recuerdan que el amor se puede hacer con solo una sonrisa y que solo hacia falta tomarla de la mano, abrazarle y perfumarme con su aroma para ser feliz.