Desnudarte en un tango compuesto
por mis dedos atrevidos sobre tu carne,
quitarte la ropa, el aliento, la apatía, la vergüenza,
que mis manos con tierna destreza
deambulen por los recovecos de tu figura,
palpándote con delicada firmeza.
Que tus ojos miren a los míos sedientos,
famélicos y ardientes
concentrados en su presa,
aquella que en este instante te desnuda, te besa.
Que el aire se endulce con tu aroma,
que mi boca se llene de tu piel,
que respondas a la mínima caricia
y que el sonido lo impongan tus suspiros.
Bailar al ritmo de mi cadencia, desquiciados;
y si está mal, que valga la pena contigo haber pecado.
Pues de nada vale el cielo si no te disfruto
prefiero ir al infierno mientras bajemos juntos.