Mi tierra está húmeda
y no es por la lluvia
son las lágrimas
de una madre,
de un padre desesperado
por un hijo desaparecido
mi tierra está herida,
aquí sangran hasta las rocas
cada vez vale menos la vida
y nuestros líderes se llenan la boca
diciendo que todo está en PAZ
mientras nos disparan a quemarropa.
Mi tierra se tiñe de rojo,
de los hombres sólo quedan despojos
24 horas de luto por cada caído
y el culpable se hace el desentendido
siguen muriendo inocentes,
siguen libres los delincuentes,
y bailando celebran los dirigentes.
Hoy la sala de conciertos está muda
«la viola silenciada por la bala»
y desde el público un hombre saluda, diciendo:
—¿Y qué hacía ese joven manifestando?—
¿Es que no te das cuenta, hermano?
¡Que aquí todo el mundo tiene que alzar la voz,
y levantar la mano!
Que La Bestia nos está exterminando.
Hoy la música se apaga
el silencio se clava como una daga
y de lo que éramos sólo queda
una sombra vaga,
somos cicatrices
de una vida marcada por el fuego
los niños ya no ríen
han olvidado sus juegos
porque el hambre los devora
no ven la hora en la que se acabe este tormento,
este mes no llegó a sus cuadras la dichosa bolsa de alimentos
tal vez les toque hurgar en la basura para encontrar la cena de esta noche
esto no es cuestión de cultura,
tal vez compartan plato con otra gente
Sr. Mandatario: ¡¿es que no se da cuenta?!
Que mientras usted realiza una ceremonia
conmemorando la muerte del expresidente
uno a uno van muriendo los míos
de inanición, desahuciados y de frío.