MI QUERIDO, MI VIEJO, MI AMIGO.
Esos tus cabellos blancos, bonitos.
Ese hablar cansado y profundo,
que me lee todo lo escrito,
que me enseña tanto del mundo, como de lo vivido.
Esos pasos lentos
acompañando los míos,
ya corrieron tanto en la vida
mi querido, mi viejo, mi amigo.
Yo lo miro desde lejos,
pero somos tan distintos;
es que creció con el siglo
con tranvía y vino tinto.
Esa vida llena de historias
y de arrugas marcadas por el viento,
recuerdos de antiguas victorias
son lágrimas derramadas al suelo.
El tiene los ojos buenos
y una figura pesada;
la edad se le vino encima
sin carnaval ni comparsa.
Tu voz dulce y serena me calma,
me ofrece refugio y abrigo,
va calando dentro de mi alma,
mi querido, mi viejo, mi amigo.
Tu pasado vive presente
en las experiencias sentidas,
y en tu corazón consciente
las cosas bellas de la vida.
Tu sonrisa franca me anima,
tu consejo sabio me cría,
tu presencia me regocija
mi querido, mi viejo, mi amigo.