La primera vez que la sostuve.
Bueno, me sostuvo ella.
Éramos amigos, yo me había ausentado
mejor dicho
estaban más presentes otros sentidos míos.
Qué fragancia tan delicada despedía su cabello
cuando el viento sacudía el cielo.
Cómo nadaba mi olfato entre ese mar negro que nacía desde su cráneo.
Me distraje.
Tú me alzaste la voz y me tomaste de la mano
(cuanta maternidad)
para cruzar la calle.
Y evitar la muerte
en unos sentidos tan extraños...
Te amé.
II
Y estas horas en que converger nos es negado
más específico.
Que no tengo la versión física de ti.
Presente
constando de tu excéntrica palidez.
Empiezo a hacer rituales para evocar tu existencia.
Asumo tu calidez.
Imagino tus dimensiones
con fulgurante certeza
El aire te conoce, mientras me posee a mi.
Y caigo en cuenta.
Que estos espacios entre mis dedos
son como rendijas que solo responden a tus formas, tu esencia
Mis propias manos, no se acoplan de la misma manera que las tuyas.
Entonces, empiezo a amarte mientras llegas
o mientras llego.