Domingos sutiles, miradas ligeras,
con claros recuerdos de tus labios divinos,
mientras que mi boca declara un aleluya
que estremece tu espacio y despeja mi mente,
porque tal vez no hay mañana,
o una planeada esperanza.
Persiste tu piel nacarada,
buscándome en la obscuridad,
una delicia, una beldad,
que no tenía comparación,
bálsamo dulce, exquisito sabor,
que ahora está lejos y me estrecha la nada.
No puedo esperar que tu vuelvas a mi,
pues las cartas se echaron y me tocó perder,
solo queda el vacío, de tu amor que era mío,
y quizás la distancia pudiera ser consuelo,
más aun tengo fe que no me abandone el cielo,
es mi cómplice incógnito,
buscando tu esencia que yo tanto ansío.
Pueden sanarme tus palabras
si estuvieras aquí,
puedo sentir que revivo
mientras me tomes de tus manos,
un paseo a la eternidad,
poder tener tu verdad,
y sin embargo es fantasía, soñar tu boca
de noche y de día,
caricias furiosas, hermosa piedad.
Aquí con mis miedos resuelvo mis dudas,
tan solo y cansado pero aun a la espera,
en este camino no cesan mis pasos,
como un vagabundo que no tiene hogar
persigo tu imagen, tesoro sin par,
que llena mi pecho de paz verdadera.