Dulces momentos,
como la paz deseada,
taciturna la noche
eternas y hermosas veladas.
Entre la seda mas fina,
he reposado yo en ti,
es que tus notas oí,
eres mi mágica ondina.
Te apoderaste
con suave candor,
de mi manantial,
de luz e ilusión,
por ti es que nació
la bella canción,
que narra las horas
nadando en amor.
Virginal pureza
que hallé yo en tu piel,
he fallado en cuidarla
por mi orgullo tan tonto,
poco duro mi tesoro,
se ha marchado tan pronto,
solo quedó tu silueta,
dibujo en fino papel.
Entre tropiezos maldigo,
esta ceguera brutal,
perdí la mitad de mi vida,
con una pena sentida,
en el agua se ha escapado
tu sabor y exquisita sal.
Un dramatismo soez,
ataca sin previo aviso,
cual lobo feroz hambriento,
es instinto, no sentimiento
tampoco hay pena,
remordimiento,
quedó el pensarte
sin compromiso.
No hay despedidas,
no hay bambalinas,
ni melodías
que toquen el alma,
tan solo el vacío
llenando las tardes,
una existencia
que pierde color
aunque uno trate
de olvidar,
remendando un poco
mi corazón,
sigo mirando
de lejos tu nombre,
persigo suspiros
en vano afán,
compases de gris
que no tardarán
mientras procuro
olvidar el dolor.