He alistado la casa para cuando regreses:
sacudido al detalle y limpiado los muebles,
cocinado con arte y mejor de las suertes
ese plato caliente, que bien sé te apetece.
Espanté telarañas. Las mías, las de siempre.
Así cuando tumbada al cielo te encomiendes
no tendrá este techo mensaje que irrespete
esa santa plegaria que tu orgasmo merece.
He tejido un poema, que de aristas carece,
que arrebole al brotar tus mejillas: si puede,
sonará en el oído para que luego recuerdes
que existe un lugar donde puedes perderte.
Dónde ser la misma que sin cremas, afeites
ahogará los enojos que pueden dolerte
y cabalgará a pelo mis praderas agrestes
que rinden pleitesía a una diosa viviente.
Ya la mesa está lista para nuestro banquete
donde nos comeremos, con el mutuo deleite
de esos que lo saben: el tiempo no detiene
su marcha, ni te espera, ni puede contenerse.
Así, aunque seguro que hoy no tendré suerte,
yo he alistado la casa para cuando regreses.