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Entre el ruido y el eco incierto,
allí donde los espejismos cantan,
se esconde el pulso verdadero,
el hilo dorado, la luz intacta.
Las sombras crean caminos dobles,
donde lo urgente viste de realeza,
pero entre murmullos y vientos sordos,
la esencia grita con voz sin prisa.
Se confunden las horas en mares de urgencia,
se atrapan las manos en hilos ajenos,
corren los pasos tras falsas promesas,
sin ver que el tiempo no espera a nadie.
Mira hacia dentro, donde el pulso es firme,
donde la voz no se quiebra por modas,
donde la luz no necesita testigos,
porque su brillo existe en el alma.
Desvanece lo que pesa sin raíz,
lo que llama sin sentido ni rostro.
Porque lo eterno no brilla en exceso,
sino en el latido que nunca traiciona.
Las estrellas no gritan, pero guían,
las olas no corren, pero llegan,
las semillas no brillan, pero crecen,
como crece la verdad sin adornos.
No es el oro lo que define el valor,
ni la voz más fuerte la que tiene razón,
es el susurro sincero, la mirada clara,
la certeza de saber que lo importante,
siempre estuvo
en lo simple.
En lo cierto.
En lo tuyo.
Muchas gracias por leer.