que insisten en apresarme
bendito el vacío
que ronda está habitación.
Benditas lágrimas
luchando por desbordarse,
bendita la noche
que de mi se burló.
Bendito reloj
que se niega a detenerse,
benditos recuerdos
bailando con el dolor.
Bendito el día que te marchaste
sin siquiera decir adiós,
¡Benditos, benditos sean!
Sin opuesto ni contrario.
Bendita nuestra historia
negada a olvidar lo vivido,
a enrarecer el aire
que aún compartimos.
¡Bendita sea!
Esto no es más que el lamento
de un ego malherido,
de un amor cobarde
incapaz de un antónimo
o de otro adjetivo …
Si llegaste hasta aquí, gracias por la lectura.
Te invito a hacer el siguiente ejercicio:
Lee de nuevo cambiando las palabras bendita (as), bendito (os) por su opuesto y observarás el cambio de connotación y de sentido, la nueva dirección que toma transformándose en otro poema.
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