Recuerdo como si fuese ayer el día en que viniste al mundo,
así como la inmensa alegría que nos produjiste a tu madre y a mí,
al ver que estabas vivo,
llorando y con ganas de vivir.
Han transcurrido 10 años y unos meses de aquel día
y he observado como has podido superar los obstáculos
logrando las metas que se te han presentado hasta hoy.
Querido Hijo,
al tomar tu primera comunión has alcanzado otra importante meta en tu corta vida.
Aprendiste que existe el bien y el mal.
También hiciste parte de tu personalidad los 10 mandamientos de nuestra religión católica,
lo que significa que estás en el camino de convertirte en un hombre de buenas intenciones,
sabia inteligencia, excelentes acciones y grandes recompensas.
No olvides que yo, tu Padre,
estaré siempre a tu lado cuando me necesites,
para darte todo el apoyo posible,
sea cual sea la circunstancia en que te encuentres.
Ten siempre presente que te quiero
y que eres el mejor hijo del mundo, porque eres mi hijo.
Te amaré para siempre.