La persona que ofende y agrede a su propia familia,
a la sangre de su sangre,
comete un acto condenable
y se mancilla a si misma.
Y es así, porque la familia es nuestro origen y por tanto sagrada.
Que no se alce en su contra entonces ni una mala palabra, porque son los preceptos de Dios los que se infringen.
Da tristeza observar como hay padres que ofenden, agreden y hasta maldicen a sus hijos o viceversa. Lo mismo sucede muchas veces entre hermanos, primos, tíos, sobrinos y paremos de contar...
Amigos, el refranero popular nos dice que "quien le pega a su familia se arruina", y cuánta razón tiene, la familia tiene que ser un núcleo de amor, una fuente inagotable de amistad y hermandad. Quien rompa esta doctrina de Dios, estará permanentemente condenado a sufrir en su propia carne, las mismas ofensas y agresiones perpetradas en contra de sus familiares.
Reuerden, se cultiva lo que se siembra. En lo particular, prefiero sembrar amor y armonía para cosechar las mismas maravillas.
Autor: Tucídides López
Que el amor siempre sea fuente de inspiración en tu familia.