¿A qué llamamos “Lectura literaria” y “Escritura creativa” en el aula? / 
@EquipoCardumen me ha invitado a coeditar un número de su revista La Lechuza de Minerva. Esta responsabilidad ha incluido proponer el tema. Mis circunstancias vitales me exigen hoy una revisión completa de mi vida. Después de estar 22 años dentro de un salón de clases y dentro de una escuela y teniendo la responsabilidad todo ese tiempo de promover la lectura por primera vez no tengo ni niños ni escuela. Esto hace que responder a la pregunta del título que le he dado a este artículo tome un camino distinto del ya transitado: ya no lo haré desde la hipótesis que voy a poner a prueba más tarde en el salón. Esta vez me permitiré responder esto desde las certezas que tengo hoy. Las certezas son terriblemente peligrosas. No acostumbro a acariciarlas. Hoy me lo permitiré.
Leer. Todos, desde días tempranos de nuestra vida, leemos. O todos deberíamos leer. Es una responsabilidad de la escuela. De la etapa final de la educación preescolar o del 1º grado. Y, como sabemos, la educación es obligatoria. Está ordenada por la madre de la leyes (Artículo 102 de la Constitución venezolana). De esto podría deducirse entonces que “Todos leemos”. Y esto pudiera ser la certeza más sólida de este texto y seguramente ya ustedes podrán conseguir un caso que la desmonta.
Asumamos entonces que “Todos leemos”. ¿Cómo leemos? Por lo general se acepta que leemos cuando comprendemos un texto escrito. Y cuando aparece esto de “Comprensión” el agua se oscurece un poco. Muchas veces esa educación obligatoria de la que hablamos se detiene un poco antes o un poco después de la “Comprensión”. Los lectores que forma la escuela tienen apenas un dominio instrumental de la lectura: les sirve para “Nombrar” y “Usar” un poco del mundo que les rodea. Los modelos llamados “Interactivos” de la lectura como el de Isabel Solé reconocen que saber leer debería ser bastante más que eso:
-Uso de la experiencia previa, formular hipótesis e inferencias y aportar interpretaciones. Todos sabemos que “Interpretar” es aportarle al mundo nuestra visión. Requiere un consumo de información (entrada) y una salida de algo nuevo, distinto. Digamos, asumiendo el punto de vista más pesimista, que a este nivel de lectura por lo general llegan o aquellos que terminan el bachillerato o aquellos que cursan una carrera universitaria. ¿Entonces? Eso de leer que deberíamos hacer todos obligatoriamente por orden del estado-padre evidentemente no se cumple.
El problema que realmente nos interesa no es ese. Junto a esas “dos” lecturas tenemos una más. Aquella que llamamos “Lectura literaria”, que lógicamente necesita de las otras pero que apunta a algo más. Curiosamente esa tiene muy poco que ver con la educación obligatoria. Curiosamente está más relacionada con abuelitos, a veces analfabetos (Odiosa palabra que tenía que escribir aquí), que regalaron a sus nietos la magia de la palabra. Porque leer literariamente implica, además de poder leer interactivamente un complejo texto literario, poder responder a él desde el cruce de pensamiento y emoción. Y esa emoción frente al texto, a lo planteado o vislumbrado por el texto, nos la entregan aquellos adultos que en algún momento compartieron con nosotros la magia de la palabra. La capacidad de vibrar con las palabras. Siempre cuando busco entender esto he pensado en ese epígrafe de “La caída de la casa Usher”: “Su corazón es como un laud suspendido… Apenas lo tocan resuena”.
Los lectores desarrollamos, desde muy pequeños, una cierta empatía textual que nos hace responder a la literatura. ¿Por qué? Porque aprendimos a hacerlo junto a esos mayores que nos amaron y que parte de ese amor nos lo entregaron con “palabras literarias”. Tenemos aquí entonces una tercera clase de lectura: la literaria. La lectura que es capaz de responder adecuadamente a un texto literario.
Entremos entonces en el tema: Leer literariamente en el aula qué significa. Y aquí me pondré muy programático buscando delimitar dos cosas a la vez.
Leemos literariamente cuando leemos con libertad. Leemos literariamente en la escuela cuando tenemos la libertad para leer, para no leer, para soltar el libro, para volverlo a tomar.
Leemos literariamente cuando disfrutamos la lectura. Leemos literariamente en la escuela cuando nos conectamos con el libro. Cuando podemos reír o podemos llorar con él. Cuando podemos responder al libro de forma auténtica.
Leemos literariamente cuando la lectura es experiencia. Leemos literariamente en la escuela cuando lo que pasa en el libro me pasa a mí también. Cuando aprendo de las experiencias de los personajes porque también son mis experiencias. Cuando las palabras del libro hablan también del mundo que me rodea. Cuando lo que dice la voz lírica también lo podría decir yo.
Leemos literariamente cuando conversamos con el libro y con los otros libros con los que conversa él. Leemos literariamente en la escuela cuando comprendemos que el libro que leemos forma parte de un universo en donde hay otros libros. Que hace referencias a ellos. Que los afirma o los niega.
Leemos literariamente cuando sentimos deseos de escribir. Leemos literariamente en la escuela cuando me animo a escribir porque escribir es también leer.
Al llegar aquí repetiremos algo que nos gusta mucho: se lee para escribir, se escribe para leer. Nuestros niños y jóvenes quieren escribir después de leer.
Han disfrutado con la lectura y quieren, en ese proceso de descubrirse y crearse a sí mismos, explorar la escritura. Entonces les decimos: ¡Vamos a escribir! ¡Vamos a escribir creativamente!
Entonces escribimos creativamente en la escuela cuando podemos soñar. Cuando podemos imaginar mundos. E imaginar sus animales y sus habitantes. Escribimos creativamente en la escuela cuando puedo ser personaje. Y puedo recorrer aquello que quiero recorrer. Cuando puedo usar una máscara para ser ese que tal vez quiero ser pero que me genera vergüenza. Cuando puedo escribirle en secreto al amigo que me gusta pero que tiene novia o tal vez a la chica más bella de la clase. Cuando puedo crearme como héroe o como villano y vivir la vida que por los momentos no me atrevo a vivir. Cuando puedo mostrar lo que pasa en mi casa pero que no puedo contar a nadie. Cuando puedo despedirme de todos porque quiero morir.
He querido con este texto mostrar aquello que podemos hacer por nuestros niños y jóvenes los que amamos la lectura y la escritura y sentimos como una responsabilidad vital darles un regalo como este. Los que creen en la magia hablan de poseer y de entregar dones. Yo no creo en la magia pero creo que si disfrutaste un poema o una novela hace poco tienes un don. Y que podrías regalárselo a un niño. Y estoy seguro que ese niño será con ese don más niño y luego será más hombre. Y luego será más humano. Entonces… ¿De verdad no existe la magia?
(Todas las fotografías son originales del autor).
(Jorge Moreno)*. Caracas, 1974. Licenciado en Letras, Máster en Promoción de la Lectura y Literatura Infantil, Coach Ontológico, Profesor de Biodanza y Facilitador Experiencial. Además de desempeñarse por más de 20 años como Profesor de Literatura fue formador de docentes en el área de Mediación de la Lectura, Literatura Infantil y Liderazgo. Ocupó cargos directivos en el área de la educación privada en Venezuela. Actualmente reside en Santiago de Chile.