Desde niña, vi a mis padres trabajar jornadas extensas. Cuando estaba en primaria, iba a la escuela en el turno de la mañana. Lo que quiere decir, que desde las 7:00 a.m hasta el mediodía, de lunes a viernes, tenía una rutina bien definida durante alrededor de 9 meses del año. Mis padres no eran distintos... Papá iba a trabajar desde antes de yo ir a la escuela. Él se marchaba de casa, todos los días de madrugada y regresaba en las noches. Mi madre, por otro lado, trabajaba desde la tarde hasta el día siguiente. Tenía turno nocturno como enfermera. Prácticamente no veía demasiado a mi padres... Y siempre me preguntaba: "¿Por qué?"
Bueno, de haber sido una niña ya han pasado varias décadas, jaja. Ahora, el ciclo de la vida me ha llevado a ser y a hacer casi lo mismo que mis padres hacían por mí y mi hermano. Es decir, a tener que trabajar duro para poder obtener las cosas que tanto yo, como mi hija necesitan... Pero si algo he aprendido de mi niñez, es a no sacrificar lo que realmente es importante en la vida: el tiempo con las personas que más amas. Con mi hija, he intentado precisamente eso; estar para ella la mayor cantidad del tiempo que pueda. Pues, a diferencia de mí, ella no tiene un hermanito para poder jugar y compartir. Es ella y nadie más.
Además, yo cuando tenía su edad me sentía terriblemente sola... Recuerdo, que veía Sailor Moon en la televisión, y en un pequeño cuaderno dibujaba a las protagonistas del famoso anime, y las coloreaba para finalmente recortarlas y sencillamente tener compañía. Lo recuerdo perfectamente. No imitaba lo que ellas (las protagonistas del anime que dibujaba y recortaba) hacía en la televisión, sino que anhelaba que estuvieran conmigo haciendo cosas de niños. Como jugar con mis juguetes, salir a hacer bromas en el patio de mi casa o buscar aventuras...
Ese hecho me marcó muchísimo... Creo que parte de mi apego evitativo, una característica de mi personalidad, viene de aquellos tiempos. Siempre tuve que aprender a arreglármelas yo sola. Recuerdo que preguntaba por qué mis padres tenían que trabajar tanto, y sólo se limitaban a decirme "porque queremos darle lo mejor". Y la verdad, en mi experiencia, es una cuestión de prioridades. Todos los zapatos de marca que tuve, o los vestidos; incluso las muñecas y legos que tenía, están en la basura o en el más rotundo olvido; pero de haber tenido momentos hermosos e inolvidables con mi padres, seguramente aquí los estaría mencionando en forma de anécdota... Pero no fue así.
¿Es esto una excusa para justificar, como madre que soy, alguna carencia que pueda tener mi hija? De ninguna manera. De hecho, es una reflexión y un debate que dejo abierto. No es una pretensión, ni una imposición. Es mi historia, y cómo me afectó a mí. Una experiencia que, bajo ninguna razón, quiero que mi pequeña experimente jamás. Lo que tampoco significa que vaya por la vida sin hacer nada, o que espere que alguien más me solucione los problemas. Tengo obligaciones, como seguramente todos los que aquí están, pero tengo límites. No dejo que el trabajo y el estrés dominen mi existencia.
Soy madre, sí, pero mi prioridad es que mi hija sea feliz; y que yo esté a su lado. No podría perdoname que alguna vez ella me necesitara y yo no estuviera allí para ella. Y soy consciente que como madre, mi labor es cuidarla de la mejor posible; lo sé. Y no deseo que sea alguien dependiente o excesivamente mimada, además lucho muchísimo con ella para que entienda el valor de las cosas en la vida; pero no me voy a perder su niñez por nada del mundo... No pienso sacrificar un tesoro tan hermoso de un modo tan ruín (es mi opinión, quiero enfatizar). Esto me lleva al título de este post... "¿Para qué trabajamos los padres realmente?"
Y creo que la respuesta radica en lo que cada madre y padre entiende como prioritario. También en la capacidad de poder dar respuestas económicas, sociales y afectivas con nuestros hijos. En mi escala de valores, la prioridad es la siguiente: amar a mi hija, trabajar, educarla y enseñarle a ser inteligente y valiente. Quizá la última parte no sea demasiado compartida por todos, pero en mi opinión es fundamental en la vida de toda futura mujer: saber realmente qué es la inteligencia y cómo aplicarla para resolver problemas que se puedan presentar... Desde mi óptica, amar y compartir es realmente lo que hace la diferencia y lo que nos hará llorar de felicidad en un futuro no tan distante.