Jorge Luis Borges
Cada 23 de Abril se celebra el Día Internacional del Libro. Sabemos la historia, algo que tiene que ver con Shakespeare, con Cervantes y también con otros autores que nacieron en este día, como Nabokov; sin embargo, más que de la historia de la efeméride (que pueden consultar en cualquie lado), quiero conversar sobre los libros mismos y sobre algunos autores que he descubierto durante el último año.
Llevo años hablando en esta plataforma sobre autores que son pilares literarios para mí (y para muchos), he reseñado sus libros, reflexionado sobre sus frases, así que no argumentaré hoy a favor de Julio Cortázar, Milan Kundera, Mario Vargas Llosa, José Saramago, Gabriel García Márquez, Alessandro Baricco, Janne Teller, Roberto Bolaño, Toni Morrison, Ernesto Sabato, Javier Marías, Leonardo Padura, Jorge Luis Borges, Dostoievski, Tolstoi, Flaubert, Víctor Hugo, Dickens, Wilde, Poe, Hemingway... ninguno de ellos. Al contrario, en lugar de hablar de los autores que he amado siempre (esto es una hipérbole), en esta oportunidad quiero hablar de esos autores que descubrí en los últimos doce meses, nombres que no conocía para el pasado día del libro o de quienes había oído sin leerlos o había leído muy poco de sus respectivos trabajos. Es una manera de compartir con ustedes estos nuevos horizontes literarios, estas serendipias que se aparecen ante nosotros cuando estamos en una librería o en medio de una conversación con nuestros amigos lectores.
Mariana Enríquez: la reina del terror
Olvídense se Stephen King y H.P. Lovecraft, la heredera de Edgar Poe es una escritora argentina. El primer verbo sonó imperativo y no era la intención, cada quien lee lo que le gusta. Lo que quiero decir es que en mi caso, ninguno de esos dos autores me provocó tanto miedo, tanto temor y tanta tensión a flor de piel como Mariana Enríquez. El terror no es mi género favorito, pero Poe me parece el más grande de sus exponentes y no había encontrado otra obra en la que disfrutara del miedo que infunde lo sobrenatural, la magia, los ritos, los espectros, hechizos, canibalismo, maldiciones, linajes corrompidos, cadáveres, osamentas... y lo mejor es que la argentina combina eso de manera perfecta con el terror de lo cotidiano, del dolor, de la piel, desapariciones, violaciones, crímenes, los escenarios, personajes e historias que crea Mariana son más espeluznantes porque resultan reales, creíbles. Y eso, se lo tengo que reconocer, es un talento poco común. Lo primero que leí de ella, durante los primeros meses de la cuarentena, fue Nuestra parte de noche, novela con la que ganó el Premio Herralde y luego leí los relatos de Los peligros de fumar en la cama y Las cosas que perdimos en el fuego y sus memorias de viajes por cementerios llamadas Alguien camina sobre tu tumba en donde, con gran calidad literaria, descubrimos más personalmente a la autora y el origen de las historias que nos cuenta.
Zambra y Rivera Letelier: genios australes
Había oído algunos nombres de la narrativa contemporánera chilena, pero el nombre de Hernán Rivera Letelier lo vi por primera vez en esta, su patria. Es el escitor de la pampa nortina (Talca, Antofagasta y el desierto de Atacama son escenarios frecuentes) y de la vida dentro de las salitreras en donde el propio autor vivió y trabajó durante años, con sus mineros, sus familias, casas rurales y hasta prostíbulos.
Al inicio, cuando su nombre comenzó a sonar y se supo de dónde venía, hubo quienes no le creyeron, pensaron que era un mito, que no había manera de que un minero, un obrero, escribiera de esa forma. El mejor retrato de esta vida en las salitreras se puede ver en su primera novela, La Reina Isabel cantaba rancheras, una obra única en su especie que demuestra un talento literario excepcional y en la que hay personajes memorables, un manejo exquisito del tiempo y sobre todo juegos con las palabras, con el lenguaje.
La novela es un deleite y sentimos que esa historia sólo podía ser contada de esa manera, así que para encontrar algo parecido, hay que leerla de nuevo.
Además de ese libro, he leído otros del autor, Himno del ángel parado en una pata, Romance del duende que me escribe las novelas (menudos títulos, ¿cierto?) pero uno de los que más me gustó fue su novela La contadora de películas que relata la historia de María Margarita, una niña que, ante la llegada del cine y la imposibilidad de su familia y de algunos vecinos para asistir a las funciones, relata en su casa lo que ha visto en el celuloide, con mucha gracia interpretativa; la novela fue un placer doble para mí, como amante de la Literatura y como amante del cine.
Por su parte, el nombre de Alejandro Zambra sí lo había escuchado. Su libro Bonsái estaba en mi lista de búsqueda desde que lo vi entre los títulos publicados por Anagrama. Finalmente pude leerlo el año pasado y amé esa pequeña joya literaria. Es una historia deliciosa, riquísima a pesar de su brevedad y me gustó tanto que volví a leerla, como también volví a leer los cuentos de Mis documentos. Después de esos dos libros, leí Formas de volver a casa y La vida privada de los árboles. Todos me parecieron obras notables, con una prosa directa, frases breves y términos chilenísimos que hablan un lenguaje universal: el amor, la soledad, la nostalgia, el pasado. Desde que la leí, recomiendo Bonsái a diestra y siniestra, como un excelente ejemplo de una novela que cuenta mucho en pocas páginas; en mi biblioteca, la tengo junto a Seda de Baricco y he incluido a Zambra como uno de mis autores favoritos, al punto de que una de mis lecturas actuales es precisamente su última novela, Poeta chileno. Llevo poco, pero me está gustando.
Tokarczuck y Alexiévich: las damas del Este
En la presentación de su libro El fin del Homo Sovieticus, la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich se pregunta “¿Qué valor puede tener la vida humana, si llevamos grabado en nuestra memoria que millones de personas morían hace muy pocos años?” y luego hace una afirmación que se puede aplicar a toda su obra, “Nunca deja de sorprenderme lo apasionante que puede ser una vida humana cualquiera”, por eso se esfuerza tanto en recoger los testimonios de las personas comunes y agrega “Observo el mundo con ojos de escritora, no de historiadora”.
Estas ideas permean por toda su obra. Si bien he podido leer sólo dos de sus libros, los demás tienen el mismo estilo testimonial, recopilando la historia de decenas, centenares de seres humanos que han pasado por situaciones inimaginables como la segunda geurra mundial o el desastre nuclear de Chernóbil, entre otros; se trata de una labor invaluable para la memoria del mundo.
Tres años después, el Nobel fue de nuevo para una autora de Europa del Este, en este caso para la polaca Olga Tokarczuk. Cuando se dio el pronunciamiento, la mayoría de los lectores de este lado del mundo nos preguntamos ¿Olga quién?, su obra no es muy extensa y no había sido tan difundida en el mundo de habla hispana, mucho menos en latinoamérica. Sin embargo, a raíz del Premio Man Booker Internacional que obtuvo por Los errantes, la editorial española Anagrama inició la difusión de su trabajo, al que se suma la reciente edición de Un lugar llamado antaño, después de conocida la obtención del Nobel.
Tuve la oportunidad de leer Los errantes, uno de los libros más deliciosos con los que me he topado en los últimos años. Es novela, es cuento, son historias, cartas, anécdotas, reflexiones, es difícil determinar el género de este libro híbrido que sin embargo trata, en todas sus variantes, un único tema central: el movimiento. Viajes cortos, largos, en avión, en ferry, en bus, en tren, a pie, viajes literales, viajes en el tiempo, viajes al centro de la persona, viajes en la conciencia, el libro es en verdad un monumento a los viajes y al movimiento. Pero también a su opuesto: la quietud. En un mundo de dualidades, los conceptos se comprenden mejor si los analizamos con sus contrarios. Luz y oscuridad, día y noche, vida y muerte; en este caso es el movimiento, el flujo de las cosas y del tiempo vs. la quietud, lo asentado, lo estático. Tanto me gustó que decidí incluir a Tokarczuk en este post a pesar de haber leído, hasta ahora, uno solo de sus libros.
William Faulkner: maestro de maestros
Escritores de la talla de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Ricardo Piglia, Javier Marías, Richard Ford, Italo Calvino, Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, han reconocido la influencia de William Faulkner en la Literatura Contemporánea.
De muy joven leí Santuario y no me gustó, no conecté con él, no sé, se me hizo una historia un poco confusa, quizás, no recuerdo qué pensé pero sí recuerdo que no lo disfruté como otros libros que leí en la época. Tiempo después leí algunos cuentos que me gustaron, particularmente Una rosa para Emily y hace un par de años cuando leí Mientras agonizo, una excelente novela, pensé que quizás antes no estaba listo para leer a Faulkner, así que quise releerlo en serio, es decir, releer lo que conocía y aventurarme en otros de sus trabajos. Sin embargo, no era fácil conseguir sus libros. Afortunadamente, tras algunas semanas de búsqueda y visitas a librerías, pude dar con algunos de ellos y ha sido de lo mejor que me ha ocurrido este año.
Sartoris, novela que recomendaba el mismo Faulkner como punto de partida para quien quisiera acercarse a su obra, es la historia familiar de un linaje marcado por la violencia y la desgracia. Sus personajes, su manejo del tiempo y esa configuración de un territorio ficticio, ambiente de varias de sus novelas, de inmediato me sugirieron que al Macondo de García Márquez y las estructuras de Vargas Llosa son impensables sin la influencia de Faulkner; y eso por nombrar sólo dos autores y algunos aspectos.
Después leí Santuario y supe que yo era el único culpable de aquel primer encuentro. La novela es uno de los mejores libros que he leído y eso que al propio Faulkner no le parecía una gran obra, pensaba que no se había esforzado demasiado. Una historia con aspectos similares es la novela Intruso en el polvo en la que también hay un juicio, un linchamiento latente y un prisionero cuya culpabilidad es puesta en duda. Tengo en mi bilbioteca, esperando por ser leídos, Luz de agosto, La ciudad, La mansión y la tan esperada por mí El ruido y la furia, novela que espero comenzar cuando acabe con la de Zambra, pero me basta con la lectura de estas tres novelas para nombrar a William Faulkner como uno de mis autores favoritos, un escritor que puede ser disfrutado, o no, por los lectores (cuestión de gusto), pero que encontrará un creyente en cada escritor o aspirante a escritor que se acerque a él.
Esos son apenas seis autores que descubrí este último año y a quienes considero talentosos, tanto como para difundirlos, promocionarlos e invitarlos a ustedes a que los lean. Tres mujeres, tres hombres, chilenos, europeas, un norteamericano, una argentina, terror, horror, viajes, historias rurales, microcuentos, relatos, novelas, testimonios, hay de todo en este selecto y variado grupo, pero sobre todo hay Literatura. Si los conocen, pueden contarme su opinión, o si prefieren pueden contarme sobre los últimos nombres que han agregado a sus bibliotecas, ¿a quiénes han descubierto este último año? Los leo en los comentarios.