A la orilla del río Orinoco, frente al barrio el Rincón de Caicara del Orinoco se encontraba, debajo de un frondoso árbol, una tortuguita muy triste, lloraba mucho y sus lágrimas caían en la arena de playa como suplicando que le quite su pena.
La tortuguita con paso vacilante se acercó a la orilla para beber agua y fue cuando vio a un precioso pececito, que la miraba con mucha curiosidad.
Ella no sabía qué hacer, no sabía qué decir; pero el pececito le preguntó:
-¿Por qué estás tan triste tortuguita?
Ella contestó:
-Aquel pescador que va en la curiara se llevó mis huevitos.
El pececito vio que el pescador remaba rumbo a Cabruta y en la curiara llevaba los huevitos de la tortuguita, para venderlos y así comprar comida para su familia.
Entonces, el pececito le dijo:
-No llores más Tortuguita, te voy ayudar a recuperar tus huevitos
-Pero cómo, si eres tan pequeño y el pescador va muy lejos -dijo la Tortuguita.
-Ya vas a ver -contestó el pececito.
Saltando fuera del agua llamó a su amiga la nube y ésta vino rápidamente y le preguntó:
-¿Que pasó pececito que me llamas con tanta urgencia?
-Amiga aquel pescador que ves allá, se llevó los huevitos de la Tortuguita del Rincón y mírala ella está muy triste.
La nube miró a lo lejos y se quedó pensando, al ratico, le dijo al pececito:
-Súbete en mi, vamos a alcanzarlo para hablar con él.
El pececito muy emocionado de un salto cayó sobre la nube y está con la ayuda de su amigo el viento, que la impulsó, logró alcanzar al pescador; que al ver una nube tan bajita, que casi le caía en la curiara y con un pez encima de ella, se asombró mucho y con cierto temor pregunto:
-¿Qué quieren ustedes, qué están haciendo cerca de mi curiara?
La nube le contestó:
-Señor, pescador nosotros estamos aquí, en el medio del río, para pedirle que nos haga el favor de devolverle los huevitos a la Tortuguita del Rincón -intervino el pececito - Señor, pescador viera usted como llora la tortuguita, no quiere vivir. Usted se llevó su vida. Por favor, compadézcase de ella.
El pescador, quedó pensativo, miraba al pececito y a la nube, se quitó el sombrero, miraba los huevos, que eran cinco docenas, por fin habló:
-Muy bien si devuelvo los huevos a la Tortuguita del Rincón ¿qué le voy a llevar a mis hijos para que coman?
La nube rápidamente le dijo:
-No te preocupes por eso señor pescador, que las buenas acciones son recompensadas.
También intervino el pececito:
-Tu familia tendrá comida, ayuda a la tortuguita y tendrás tu recompensa.
El pescador volteó hacia la orilla de Caicara y dijo:
-Estamos muy lejos y no tengo motor.
-Ata una cuerda de la curiara a la nube -dijo el pececito.
La nube llamó al viento y le pidió el favor que soplara rumbo a la costa de Caicara del Orinoco; donde está la Tortuguita del Rincón y en un momentico llegaron.
La tortuguita estaba sorprendida; pero se enfureció cuando vio al pescador y este la miró con pena y le dijo:
-Tortuguita, tortuguita, perdóname por favor. Vengo a entregarte los huevitos no estés más triste, yo no sabía que causaba tanto dolor. No importa que mis hijos no coman hoy. No quiero que sigas sufriendo.
La tortuguita estaba muy contenta, porque recuperó sus huevitos y le habló al pescador:
-Eres un buen hombre y yo tan mal que pensé de ti, te pido perdón por eso y te agradezco con el alma lo que hiciste por mí. No te preocupes que tu familia va comer hoy siempre porque las buenas acciones son recompensadas, vete pescador con la nube, el viento y el pececito, que tu familia te espera.
En el momento de la despedida, la tortuguita agradeció al pececito porque se percató de su tristeza, la consoló y la ayudó a recuperar sus huevitos.
También habló con la nube y le dijo que jamás iba olvidar su presencia y cada vez que alzara la vista al cielo era para buscarla a ella y al viento también le agradeció su ayuda y le dijo que al mirar el retozo de las ramas de los árboles y las palmeras se recordaría de él; porque ahí estaba su presencia.
La nube le dijo al pescador:
-Amigo, vamos a llevarlo a su casa". El pescador respondió:
-No puedo, amiga. Tengo que pescar para llevar comida a mi familia.
El pececito le habló:
-Pescador es muy tarde para que sigas pescando, no te preocupes vamos para tu casa, ten fe.
Nuevamente intervino la nube:
-Todo va estar bien confía en el creador.
El viento que no había hablado le dijo:
-Amigo, los hombres de paz, buena voluntad y que hacen buenas acciones, como la que usted hizo, siempre les va bien. No vayas a pescar, tu familia te está esperando, vámonos, confía en Dios.
El viento sopló rumbo a la costa de Cabruta y en un momentico la curiara atracó frente la casa del pescador.
Estaba su señora y sus hijos esperándolo. Abrazó a su esposa y a sus hijos y les dijo:
-Ayúdenme a bajar las cosas de la curiara.
Caminó con su esposa hacia la casa y esta le dijo:
-Te tengo una sorpresa, el compadre que nos debía aquella plata me pagó y con eso hice un mercado para dos meses y me quedó dinero. Eso no es todo, te acuerdas del crédito de pesca que metimos, ahí te tengo la comunicación. Mañana tienes que ir a recibir el motor, los aparejos de pesca y un efectivo que no sé de cuanto es.
El pescador miró al cielo y dio gracias a Dios, a la Tortuguita del Rincón, Al pececito, a la nube y al viento. Alzó los brazos al cielo y exclamo:
-¡Voy a seguir pescando pero sin causar daño ni dolor. Gracias te doy de nuevo Dios mío, hoy recibí una lección de vida!.