A veces me doblego ante tus ojos,
repliego mis defensas y te abrazo,
en las entrañas de tu lecho ahogo
todas las ansias que para ti guardo.
A veces deambulo sin prejuicios
por el dulce sabor de tus deseos,
mi boca y mis manos desinhibo
en una fuga de dolor y miedo...
Alguna que otra tarde me deslizo
al lado oculto de la sugestión,
sin razones, con mil excusas
vivo y disfruto este amor...
Alguna noche mágica me duermo
bajo la brisa tibia de tu respiración,
abrigada por el peso de tu cuerpo,
acunada por latidos de tu corazón.
A veces... porque siempre existe
la muralla que nos separó,
rotunda, fría, invencible,
es la voluntad de DIOS.