Le pareció extraño ese objeto brillante que estaba tirado en el suelo, parecía un anillo humedecido por las aguas de un río.
Se dobló, lo tomó con su mano izquierda y con ella misma le fue quitando algo de tierra endurecida que tenía adherida, para luego limpiarlo frotándolo con la parte inferior de su camisa; sin importar que esta se ensuciarla ya que al mirarla de cerca, constató que era de oro macizo con diversas piedras incrustadas, por lo que estaba seguro que costaba mucho dinero.
Siguió su trayecto por el bosque hasta llegar a su cabaña.
Al hacerlo y entrar, escuchó susurrantes voces qué le produjeron un frio que lo hizo estremecer.
Fue a su armario, sacó su abrigo de cuero negro y se lo colocó, era extraño ese frio repentino.
Después de eso se sintió mejor, la tranquilidad llegó y entonces comenzó a pensar.
¿Serán voces de ultratumba o solo sonidos del viento?
No era supersticioso de tal manera que supuso que era lo segundo, la brisa provoca ruidos extraños cuando penetra por las rendijas o choca con algún objeto curvo.
Miró bien la joya, de seguro lo vendería muy bien, tanto por el mineral con el que estaba fabricado como por las piedras que estaban incrustadas en él.
Apagó las luces y se fue a dormir, pensando que esto cambiaría su precaria situación económica.
Estaba desempleado desde que un accidente lo dejó discapacitado, se cortó tres dedos de su mano derecha en el aserradero donde laboraba, de tal modo que tenía pocas oportunidades para conseguir un trabajo.
Todo se puso oscuro de repente, como si la luna se hubiera ocultado y el silencio fue roto por una torrecial lluvia que llegó de repente.
Los susurros reaparecieron y sintió cierto temor. Tal vez solo eran ideas suyas, pero la piel se le puso de gallina.
Una figura se fue visualizando cerca de la ventana, frente a donde estaba y pudo escuchar cuando le dijo:
-Devuélveme el anillo, me pertenece, estaba en mi dedo, pero no viste mi cuerpo enterrado al final del riachuelo. La lluvia lo ha descubierto, vete allí y colócalo en mi dedo para poder descansar en paz.
La duda lo invadió. ¿Serian ideas suyas?
Decidió cerciorarse de eso
Tomó la linterna y salió, ya la lluvia había desaparecido y un barro fino y pegajoso cubría el camino. Llegó al lugar, allí estaba estaba, un cuerpo ya seco a la orilla del riachuelo, le puso el anillo y al instante y todo cambió en un momento, el esqueleto se transformó en el el cuerpo de una hermosa mujer cubierta de barro, quien en un segundo lo abrazó muy fuerte, arrastrándolo hasta las profundidades del riachuelo.
Tuvo que luchar con todas sus fuerzas para poder librarse y con una navaja, que siempre cargaba, de un solo tajo le cortó el dedo donde tenía el anillo y el fantasma desapareció.
Al parecer la joya la revivió y una idea macabra le vino a la cabeza. ¿A cuántos antes que él había logrado ahogar en el lugar y llevárselos consigo al infierno
Abandonó la cabaña y nunca regresó a ella, temeroso que en algún momento regresara.
Tal como lo había planeado se liberó del anillo vendiéndolo a muy buen precio.
Con el dinero tomó unas largas vacaciones y el resto lo invirtió en montar un negocio de joyería