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Hola a todos,
¿Les ha pasado que se encuentran pensando tanto en el futuro que se olvidan de vivir el presente? Yo, la verdad, soy una experta en eso. Siempre estoy anticipando lo que viene, haciendo planes a futuro, y la verdad, ¡me estreso un montón! No hay día en que no esté constantemente planificando el mañana y últimamente me he perdido de la alegría de vivir y de la alegría que me regala el hoy.
Este escrito es como un autoregalo para esa Emma Gabriela estresada y alterada por cosas que muchas veces se resuelven y que me generan más estrés y ansiedad de lo que realmente valen. Pero hace poco (¡ayer! jaja) me confesé y mi “penitencia” fue leer un pasaje de la Biblia que me hizo una pausa en todo mi estrés. Estuve leyendo Mateo 6, 25-34 y, ¡wow!, me di cuenta de que no soy la única que se preocupa por el mañana. Jesús nos invita a no angustiarnos por lo que vendrá, sino a confiar en que Dios proveerá. Y ojo, ese “Dios proveerá” no es solo esperar que Dios resuelva nuestras cosas, es trabajar por lo que queremos pero sin quedarnos atascados en el estrés y la angustia, porque ¿qué solución nos aportan?
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Esta lectura me hizo preguntarme: ¿por qué me cuesta tanto vivir el presente? Creo que una de las razones es que le tengo miedo de lo desconocido. Todos nos preocupamos por cosas que aún no han sucedido y nos perdemos de la belleza de cada momento. Además, la sociedad en la que vivimos nos empuja constantemente a buscar la siguiente meta, el próximo logro, y eso nos hace olvidar de disfrutar el camino. Y perdemos la capacidad de darnos cuenta que al final, seguramente encontraremos la solución a todos los problemas que nos aquejan en ese mismo camino. Por lo cual hay que vivir el AHORA.
A veces siento que mi mente es como un mono saltarín con hojilla jaja, constantemente saltando de un pensamiento a otro. A veces, se queda atascado en el pasado, reviviendo experiencias dolorosas, y otras veces, se proyecta hacia el futuro, anticipando problemas que quizás nunca lleguen. Esta tendencia a divagar me impide conectar con la realidad del momento presente. Además, nuestra sociedad nos empuja constantemente a buscar más, a tener más, a lograr más. Las redes sociales, la publicidad y las expectativas culturales nos hacen creer que la felicidad se encuentra en un futuro lejano, en lugar de en las pequeñas alegrías del día a día.
Hoy puedo decir luego de leer está lectura, que cuando aprendemos a vivir en el presente, experimentamos una serie de beneficios. Al dejar de preocuparnos por lo que no podemos controlar, nuestra mente se calma y podemos disfrutar de las pequeñas cosas. Estar presente nos permite concentrarnos en las tareas que tenemos entre manos, mejorando nuestra eficiencia y creatividad. Asimismo, cuando estamos presentes en nuestras interacciones con los demás, podemos conectar a un nivel más profundo y fortalecer nuestros vínculos. El estrés crónico, producto de preocuparnos constantemente por el futuro, puede afectar nuestra salud física y mental. Vivir en el presente nos ayuda a reducir el estrés y mejorar nuestro bienestar general.
¿Cómo podemos empezar a vivir en el presente? Dedica unos minutos cada día a prestar atención a tus pensamientos, sensaciones y emociones sin juzgarlos. Puedes comenzar con ejercicios simples como la respiración consciente o la meditación guiada. Conéctate con la naturaleza, sal a caminar, siente el sol en tu rostro, escucha el canto de los pájaros. La naturaleza nos ofrece una oportunidad de desconectar de la mente y conectar con el presente. Disfruta de los pequeños momentos, celebra las pequeñas victorias, agradece las cosas buenas que tienes en tu vida y saborea cada bocado de comida, cada abrazo y cada sonrisa. Aprende a decir no y a priorizar tus actividades. No te sobrecargues de responsabilidades y deja espacio para el descanso y la relajación.
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Vivir en el presente es un viaje, no un destino. Es un proceso continuo de aprendizaje y crecimiento. Al igual que yo, tú también puedes aprender a cultivar la presencia en tu vida. Recuerda, el momento presente es el único que tenemos, así que ¡aprovéchalo al máximo!
Recuerda, vivir es el ahora. ¿Realmente llegaremos al mañana? Vivamos como nunca e imprimamos nuestro amor y energía en cada día vivido. Es la única forma de cumplir con esas metas del mañana.