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¿Eres cristiano? ¿Eres católico? ¿Eres mormón? Y así puedo hacer mil preguntas para abarcar las muchas religiones que existen en el mundo. Todas buscando hacer o sentir desde su doctrina y mirada al hombre mejor (o por lo menos en su mayoría). Hoy en día me hago muchísimas preguntas para intentar comprender, rechazar o afianzar eso que pueda afectar mi criterio. Y hoy he llegado a una de las preguntas más difíciles para contestar, o más que difícil para reflexionar, ya que es cuestionar mi fe: ¿Para qué sirve la fe en mi vida? ¿Realmente aporta algo en mi vivir?
Yo respondería que la fe me ha salvado. Pero entonces primero debo responder: ¿Qué es la fe para mí? La fe es esa fuerza que nace dentro de mí, que me da confianza, felicidad, calma y al mismo tiempo esperanza. Es creer que es posible eso invisible, o supuestamente imposible. La fe se ha convertido en esa brújula que nos guía en la vida. Nos ayuda a encontrar nuestro camino cuando estamos perdidos y nos da un sentido, un propósito. Pero debemos ser realistas, también puede ser una carga pesada si nos aferramos a ella de manera dogmática y no permitimos que evolucione con nosotros ya que muchas veces desconocemos algunas verdades de nuestra fe o por nuestros conocimientos la acortamos o moldeamos a nuestro gusto.
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La fe no debe ser utilizada como una excusa para no pensar o para no cuestionar nuestras creencias. De hecho, creo que es importante cuestionar nuestra fe de vez en cuando para asegurarnos de que sigue siendo viva y relevante para nuestras vidas. Por esta razón hoy me alegro de tener este momento de “cuestionar” mi fe.
Contestando a la pregunta, la fe me ha enseñado a sentirme más humana que nunca. ¿Qué quiero decir con humana? Pues la fe me ha enseñado que hay momentos de felicidad, pero también tristeza, de caídas pero también levantadas victoriosas, la fe me ha enseñado que no estoy sola en este caminar.
No solo me ha enseñado a tener fe en ese ser superior en el cual creo, también me ha enseñado a tener fe en lo visible -en la humanidad-, aunque cada día se corrompa y se haga daño unos a otros. La fe me ha enseñado que a pesar de esto, debo creer que no todos son iguales, que hay quienes buscan el bien. Que somos seres únicos e irrepetibles y que no todo está perdido.
La fe me ha enseñado lo más importante, tener fe en mí, en creer en mí cuando nadie lo hace. Creer firmemente en mis capacidades, que puedo con las pruebas o como diríamos en mi religión las cruces que nos enfrentamos en este camino terrenal. Enfrentar las adversidades con fe da un propósito. Nos enseña a aprender de la caída, a levantarnos con coraje y a que esa caída no sea solo un mal momento, sino también un aprendizaje de gran valor.
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La fe me ha dado propósito, la fe me ha dado felicidad, la fe me ha dado más de lo que he dado. La fe en mi vida ha sido esa tabla de salvación que cuando menos lo espero retumba en mi mente y me renueva. La fe me enseñó que mis sentimientos son válidos y que son hermosos en cada una de sus facetas, como en la película Intensamente: felicidad, desagrado, furia, tristeza, alegría, etc. Pues todos estos hacen parte de mí, de lo que soy. La fe me enseña que soy una obra en construcción, y como estoy en construcción cada día puedo mejorar. En mi fe, yo soy arquitecta pero el es el dueño de la obra es Dios.
Y tú, ¿crees que tu fe es la verdadera? ¿Es la real? Pues estoy convencida de que cada uno tiene su propia verdad, su propia fe, y eso es lo que hace que el mundo sea tan diverso y fascinante. En mi caso soy parte de la iglesia católica desde que tengo memoria en este mundo, y me parece fascinante el lenguaje del amor que se me ha transmitido desde el inicio. Rememorar cada momento donde mi fe me ha salvado hoy me hace ser la persona que soy. Indistintamente de tu credo y en aquello en lo que deposites tu fe, cree en ti y respeta la fe de los demás.
A veces, la fe nos lleva a hacer cosas increíbles, como ayudar a los demás o superar grandes obstáculos. Otras veces, nos puede llevar a cometer errores, como juzgar a los que piensan diferente o aferrarnos a creencias que ya no nos sirven. En una misa escuché que el mayor pecado es el orgullo, y que cierto es esto. Puedes tener muchísimos dones, pero si eres una persona que vive en orgullo, ¿Qué puedes regalar a los que te rodean? ¿De qué te sirve esa fe que solo destruye? Al final vivir así también te termina destruyendo ti mismo.
Es importante recordar que la fe es algo muy personal y que no hay una única respuesta correcta. Lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra. De allí la respuesta al porqué existen tantas religiones. Lo importante es encontrar lo que nos hace sentir bien y nos da esperanza.
La fe también puede ser una fuente de gran consuelo en momentos difíciles. Cuando perdemos a un ser querido o cuando enfrentamos una enfermedad, la fe nos puede ayudar a encontrar la fuerza para seguir adelante. Y ojo, sé que en estos momentos estamos tristes y enojados, pero allí es donde la fe actúa y hace que te “pelees y reconcilies con ella” al final en estos momentos de dolor y tristeza también hay hermosura.
La fe es como un músculo que necesita ser ejercitado. Cuanto más la usemos, más fuerte se volverá. Podemos fortalecer nuestra fe leyendo libros religiosos, meditando, orando o simplemente pasando tiempo en la naturaleza. Hoy en día siento que ese músculo lo tengo súper bien ejercitado y eso me hace una persona feliz y completa.
La fe es una parte importante de la vida para mí y para muchas personas. Nos da un sentido de propósito, nos conecta con algo más grande que nosotros mismos y nos ayuda a superar los desafíos de la vida. Pero es importante recordar que la fe es algo personal y que cada uno debe encontrar su propio camino.
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Indistintamente de lo que pienses de la fe, tengas o no tengas. Indistintamente en lo que la deposites no olvides en creer en ti.
Espero les guste mi reflexión. Y me encantaría leer tus comentarios. ¿Qué papel juega la fe en tu vida?
Bye