En medio de la emoción de las elecciones, mientras aguardaba mi turno para votar, me vi envuelta en una profunda reflexión sobre la libertad. ¿Somos realmente libres, o estamos atados a una serie de condicionantes que limitan nuestras opciones?
La libertad, en su sentido más básico, es la capacidad de elegir. Pero, ¿qué tan libres somos realmente cuando nuestras decisiones están influenciadas por tantas variables? La sociedad, con sus normas y expectativas, moldea nuestra forma de pensar y actuar. Los medios de comunicación, amplificados por la tecnología, nos bombardean con información, a menudo sesgada, que influye en nuestras opiniones. Y ni hablar de las presiones económicas que limitan nuestras opciones y nos obligan a tomar decisiones que quizás no elegimos en otras circunstancias.
En la cola para ejercer mi derecho al voto, la gente solo miraba su celular; pocos se comunicaban. Poco a poco estamos perdiendo la capacidad de expresar nuestras ideas cara a cara, de compartir historias y vivencias. La tecnología nos ha brindado herramientas increíbles para comunicarnos, acceder a información y conectar con personas de todo el mundo. Pero, por otro lado, también nos ha hecho prisioneros de la tecnología, haciéndonos cada vez más dependientes y ha creado nuevas formas de control. Las redes sociales, diseñadas para conectar a las personas, también nos han expuesto a la manipulación y la polarización. Hoy en día, cuesta creer qué es verdad y qué es mentira.
En cuanto a la cultura, con sus valores, tradiciones y creencias, establece un marco de referencia que influye en nuestra forma de ver el mundo y de tomar decisiones. Crecemos inmersos en una cultura determinada, y aunque podemos cuestionarla y desafiarla, es difícil escapar completamente de su influencia. ¿Cómo ignorar años de condicionamiento cultural? Es un desafío, pero no imposible. La cultura nos proporciona un sentido de identidad, pero también puede limitar nuestra capacidad de pensar de manera crítica y original.
Actualmente, todos (me incluyo) buscamos la aprobación social, convirtiéndola en una fuerza poderosa que influye en nuestras decisiones. A menudo, nos vemos influenciados por la opinión de nuestros amigos, familiares y colegas. El miedo al rechazo o al juicio de los demás puede llevarnos a conformarnos y a renunciar a nuestros propios deseos y aspiraciones. Nos convertimos así en esclavos de la moda, la tecnología y las opiniones de los demás. Y entonces repito: ¿somos realmente libres? Yo creo que no o por lo menos no un 100%.
A pesar de todos estos condicionantes, la libertad es un ideal que vale la pena perseguir. Y no somos conscientes de estas cadenas que nos impiden avanzar y valorar otros aspectos de nuestra vida. Por esa razón, te dejo algunos consejos:
No des nada por sentado, investiga, compara diferentes fuentes de información y forma tu propia opinión. Esto es válido en todos los ámbitos, desde la religión hasta las noticias.
Dedica tiempo a disfrutar de la naturaleza y de las relaciones humanas. Vas a notar cosas que te hacen feliz y que habías ignorado por el afán de la inmediatez.
Toma decisiones basadas en tus valores y creencias. No temas preguntar, escuchar y desaprender. Hay belleza en desaprender aquellas cosas que ya no van con nuestra personalidad, somos seres en evolución. No temas en aprender aquello que te parece interesante.
Reconoce tus juicios- Esto es muy importante, ser cociente de nuestros juicios de valor, que influyen en nuestra forma de pensar. Reconozcamos nuestra propia subjetividad para poder escuchar a otros.
Rodéate de personas inspiradoras, busca personas que te desafíen y te ayuden a crecer. Hoy en día trato de estar acompañada de gente que admiro, siento que me hacen crecer, y me ayudan sin saberlo, con su simple presencia me hacen apuntar alto. Sin envidia, simplemente admiración.
Y por último, agradece lo que tienes. Si, agradece eso que tienes y centrarte en ello, en lugar de lo que te falta, te ayudará a sentirte más satisfecho y libre. Y no es que no podamos querer aspirar a más, es simplemente valorar lo que se tiene y trabajar por eso que se desea sin hacer menos eso que con tanto esfuerzo seguramente conseguiste anteriormente.
La libertad podríamos decir que es un viaje, un viaje con muchas rutas. Es un proceso continuo de crecimiento y transformación. Y aunque nunca seremos completamente libres, siempre podemos esforzarnos por ser más libres de lo que somos ahora.
Si eres venezolano, espero que podamos romper las barreras que nos hacen sentir socialmente atados. Pero también deseo para ti la verdadera libertad, esa que comienza desde adentro de tu ser.
Bye