Terminó la partida y se fueron a descansar.
Los reyes acostados igual que los peones.
Alfiles con la boca abierta, sin nada decir.
La reina blanca sobre caballo negro miraba.
Fuera de la caja y pensaba.
La otra vez, sobre la torre, pude ver más.
El mismo cielo y tablero parecen los mismos.
Sacrificados peones y uno pudo lo que el rey no.
Derribada una torre, volverme a coronar.
Antes que cierren la caja, debo averiguar.
Sentido tendrá la nuestra eterna enemistad.
Alineados frente a frente, dispuestos a ganar.
Encarnizada batalla o fría y paciente estrategia.
El tablero parece gastado o será que está cansado.
Juegos de guerra, ¿qué juegos son esos?
¡Negocios! Negocios del dueño de la caja.
Negras y blancas juegan por turno de un lado.
Y al siguiente del otro hasta que al final.
Quien mueve las piezas se cansa y las guarda.
Todas van a la caja sin triunfo ni galardón.
Para volver a empezar cuando se dé la ocasión.
Ya viene la mano que baja la tapa y con ella.
La oscuridad y el olvido.
Hasta que volvamos a enfrentarnos. ¿Cuándo?
Cuando nos agiten la caja.
Escrito a manera de versos libres para el concurso “Somos también fábula” de la comunidad @es-literatos/concurso-somos-tambien-fabula
Las imágenes son propias, igual que las piezas y la caja de metal que fuera de mi padre, y sí se ven gastadas por las muchas partidas jugadas a lo largo de más de 60 años.