Todo inició a través de un teléfono y todo terminó de la misma manera.
Nos conocimos a la distancia y en la distancia terminó nuestra historia, al menos la de amor.
Eres una mujer excepcional. Fuiste, eres y serás magnífica. Como mujer, como amiga, como novia, como esposa.
Y es que está en tu esencia ser maravillosa. No puedes evitarlo, no puedes ser de otra manera. Por eso seguimos apreciándonos, por eso sigue la estima mutua, la admiración recíproca y la nostalgia sana. No porque yo lo merezca, precisamente, sino porque tú así lo permitiste.
Donde estés, cuando estés y con quien estés te deseo con todo el alma y cada fibra de mi ser lo que te haga sentir feliz, plena, intensa.
Desde donde esté, cuando esté y con quien esté, estaré agradecido por el regalo de tu presencia en mi existir, deseándote lo mejor del mundo y de la vida.
Decirte que cuentas conmigo es redundar, porque lo sabes de sobra. Por ti lo que sea. A ti te defiendo de quien sea porque desde mi perspectiva fuiste íntegra, sublime, casi perfecta y mereces de mi todo lo bueno y todo lo mejor.
En esta nueva etapa de tu vida quiero que recibas más, mucho más, ¡el quíntuple de más! De lo que recibiste de mi. Vívela intensamente, dísfrútala cada día, entrégate en cuerpo y alma, así como eres. No esperes nada, solamente ama y confía. Y no en él, sino en ti y en que sabrás enfrentar todo lo bueno y malo propio de una relación matrimonial con la entereza y fortaleza que te caracteriza.
Todo inició a través de un teléfono y todo parece continuar de la misma manera por más tiempo. Pero anhelo, (¡sí, anhelo!) el día que pueda verte y darte ese abrazo fuerte de despedida que nunca nos dimos y otro de comienzo ¿o continuación? De nuestra amistad que espero, deseo y confío se mantenga hasta el día de nuestra muerte.