Mi Venezuela es un país hermoso, que tiene todo lo que una nación puede querer: las playas más bellas que haya visto ser alguno sobre este mundo, largos y espectaculares desiertos, unas sabanas majestuosas llenas de garzas, alcaravanes y grandes fincas con el ganado pastando junto al grande y ostentoso río Orinoco; eso sin haber nombrado aún los altos picos nevados que coronan la cordillera de Los Andes, un poco alejada de la selva amazónica adornada con los legendarios y antiguos tepuyes, que datan desde el mismo origen del planeta en el que vivimos.