Cada tercer domingo se celebra en Venezuela el día del niño, es por ello que se me ocurrió idear un cuento desde el mensaje de la palabra de Dios del domingo pasado, y que fuera aplicable no solamente a los más pequeño sino también para los mayores. La palabra de Dios se centró en la existencia de buenos y malos pastores, al mismo tiempo en el amor de Dios que no abandona, por lo que él mismo como Buen Pastor sale al encuentro de la humanidad pues se compadece de nosotros, que a veces andamos como ovejas sin pastor (Evangelio de Marcos 6,33-34).
El cuento dice así:
En un lugar lejano existía un gran Reino, el Rey del mismo tenia un gran corazón, que le llevaba a cuidar con mucho esmero y dedicación de sus ciudadanos, todos estaban a gusto y muy contentos con su Rey, el cual no escatimaba nada para ellos, pues les amaba muchísimo, esto le llevó a ganarse el título de Pastor, pues así como un pastor atiende, auxilia y da de comer a sus oveja, hacía El con los suyos, pues, en el transcurso de un año todos tenían la oportunidad de compartir una Cena con su majestad.
Como todo Rey, este buen gobernante tenía que salir a atender otros asuntos, por lo que a cargo del cuidado de los ciudadanos del reino dejaba a algunos personajes de la nobleza: condes, príncipes y otros de ese estilo. Pero estos no eran tan buenos como el Rey-Pastor, al contrario, no sólo no cumplían con su misión sino que explotaban a los ciudadanos con trabajos forzosos, eran injustos con ellos, los maltrataban , les cerraron las puertas del palacio Real para que no entraran a compartir la mesa y los alimentos, aunque el Rey les había dejado exactamente las indicaciones de lo que debían hacer. De pronto, el Rey-Pastor llegó de sorpresa y al darse cuenta de cómo estaban las cosas, les encerró en el calabozo.
Preocupado el rey sobre qué hacer cuando volviera a ausentarse (que iba a ser pronto), hizo algo totalmente sorprendente y maravilloso, aunque en principio no lo pareciera: se abrió el pecho, introdujo su mano allí, tomó un trozo de su corazón y con él creó unos nuevos seres humanos, producto directamente del centro y fuente de su amor. Para asegurarse que esto siempre iban a actuar según su corazón les puso unas pilas que se debían recargar acudiendo a El de la siguiente manera: debían introducir sus manos en el pecho del Rey, tocar su corazón y luego tocar el suyo, de esta manera se recargaban y el Rey Pastor podía asegurarse que tenía unos pastores también según su corazón. Colorín colorado esta historia ha terminado...
Ahora la aplicación, consiste en tres partes, recordemos que quiero subrayar la historia en relación a los niños.
Primeramente, aquellos que de una u otra manera tenemos responsabilidad ante ellos, ya sea desde el punto de vista de la maternidad/paternidad, educación u otra área de formación. La pregunta a considerar es cómo estamos llevando esta misión? Pues, al Dios crearnos también pone en nuestras manos la sensible tarea de cuidar de esas pequeñas semillas que el día de mañana están llamadas a ser un árbol frondoso que de muchos frutos. No seamos como esas personas que el Rey-Pastor terminó encerrando en el calabozo por no cumplir con sus deberes correspondientes.
Sobre el Rey-Pastor es evidente que nos estamos refiriendo a Dios y su amor tan cercano para con la humanidad, tanto que El mismo por medio de su encarnación asumió toda etapa del ser humano, incluyendo evidentemente la niñez. Y sobre los niños en general dijo: "De los que son como ellos, es el Reino de los Cielos". (Evangelio de Mateo 18,3).
No se trata de que tomemos esto como hago literal, ya que volverse como niños físicamente es imposible. Estas palabras lo que significan es que mantengamos esas actitudes que adornan la infancia de una manera espectacular, tales como: la confianza en sus padres, capacidad de perdonar, la alegría en y por los detalles, etc. Todas llevadas a su plenitud por el mismo niño-Dios, de allí que podemos reformular la exhortación evangélica de esta manera: debemos ser como Ese niño!
Finalmente, los nuevo seres humanos formados desde el corazón del Rey-Pastor, y que debían recargar sus baterías conectandose a él continuamente, también hacen referencia a cada uno de nosotros que desde nuestra fe nos conectamos con la fuente del Dios-amor, para darle lo mejor a esos pequeños grandes seres que de una u otra manera se nos han puesto en nuestras manos.