[Versión En Español]
Hace ya 7 años, mi familia estuvo viviendo lo que podría describirse como una pesadilla. La partida física de mi abuelo fue uno de los momentos más duros que hemos vivido como familia. Luego de una batalla que duró muchos años en contra del cáncer, esta terrible enfermedad se cobró la vida de un pilar de la familia.
Si bien se puede decir que son 7 años y que el luto es poco a poco curado con el tiempo, la verdad es que todavía la casa de mis abuelos se siente sola a pesar de que todos están allí. Hacen falta los sonidos de risas que se escapaban desde el cuarto de mi abuelo mientras veía televisión. Los típicos abuelos de nuestras culturas latinas que se reían tanto al ver programas como el Chavo o el Zorro. Esas risas hace siete años se silenciaron y pasaron a ser un recuerdo con valor incalculable para toda nuestra familia.
Recuerdo cuando todos los días sintonizaba el noticiero y colocaba las ollas para hacer café, cuando era el primero en levantarse para hacer el desayuno mientras escuchaba la radio. Lo recuerdo como aquel gran fanático de nuestro equipo de béisbol local (Cardenales de Lara), al cual siempre trataba de ir al estadio en los juegos inaugurales, para que posteriormente escuchara las narraciones en un viejo radio mientras leía su periódico.
Recuerdo llegar a la casa y escucharlo hablar por teléfono con mis tíos y mis primos. En sus últimos años de vida le dedicó atención a lo verdaderamente importante en nuestra existencia, nuestra familia. Recuerdo sus pasos al caminar cuando salía de su cuarto, con las manos entrelazadas en su espalda, preguntando a quiénes estuviésemos en la sala o cocina "¿quiere café?".
Aquella ocasión es un duro recuerdo de que el momento más doloroso es llegar a una casa en silencio, a una casa que le faltan tantas cosas a las que estábamos tantos años acostumbrados y que parecían normales, pero que tanto extrañamos a pesar de que han pasado muchos días desde aquellos días.
A pesar de todo lo doloroso que ha sido para toda la familia, mi abuelo nos enseñó que no debemos estar tristes, nunca hubiese querido que nos entristeciéramos tanto, por esa razón cuando le recordamos quizás una lágrima recorra nuestras mejillas, pero es acompañada de una sonrisa de agradecimiento por poder vivir tantos años y tener tantos recuerdos de un pilar de nuestra familia.
[English Version]
Hace ya 7 años, mi familia estuvo viviendo lo que podría describirse como una pesadilla. La partida física de mi abuelo fue uno de los momentos más duros que hemos vivido como familia. Luego de una batalla que duró muchos años en contra del cáncer de próstata, esta terrible enfermedad se cobró la vida de un pilar de la familia.
Si bien se puede decir que son 7 años y que el luto es poco a poco curado con el tiempo, la verdad es que todavía la casa de mis abuelos se siente sola a pesar de que todos están allí. Hacen falta los sonidos de risas que se escapaban desde el cuarto de mi abuelo mientras veía televisión. Los típicos abuelos de nuestras culturas latinas que se reían tanto al ver programas como el Chavo o el Zorro. Esas risas hace siete años se silenciaron y pasaron a ser un recuerdo con valor incalculable para toda nuestra familia.
Recuerdo cuando todos los días sintonizaba el noticiero y colocaba las ollas para hacer café, cuando era el primero en levantarse para hacer el desayuno mientras escuchaba la radio. Lo recuerdo como aquel gran fanático de nuestro equipo de béisbol local (Cardenales de Lara), al cual siempre trataba de ir al estadio en los juegos inaugurales, para que posteriormente escuchara las narraciones en un viejo radio mientras leía su periódico.
Recuerdo llegar a la casa y escucharlo hablar por teléfono con mis tíos y mis primos. En sus últimos años de vida le dedicó atención a lo verdaderamente importante en nuestra existencia, nuestra familia. Recuerdo sus pasos al caminar cuando salía de su cuarto, con las manos entrelazadas en su espalda, preguntando a quiénes estuviésemos en la sala o cocina "¿quiere café?".
Aquella ocasión es un duro recuerdo de que el momento más doloroso es llegar a una casa en silencio, a una casa que le faltan tantas cosas a las que estábamos tantos años acostumbrados y que parecían normales, pero que tanto extrañamos a pesar de que han pasado muchos días desde aquellos días.
A pesar de todo lo doloroso que ha sido para toda la familia, mi abuelo nos enseñó que no debemos estar tristes, nunca hubiese querido que nos entristeciéramos tanto, por esa razón cuando le recordamos quizás una lágrima recorra nuestras mejillas, pero es acompañada de una sonrisa de agradecimiento por poder vivir tantos años y tener tantos recuerdos de un pilar de nuestra familia.
Translated with DeepL.com (free version)