El 17 de mayo de 1920, es decir, hace 105 años, nacía en Caracas, en el barrio “El Guarataro”, el poeta venezolano Aquiles Nazoa, quien fuera uno de nuestros humoristas más destacados, además de ensayista, guionista y periodista. Siendo joven lo veía en su grato programa televisivo “Las cosas más sencillas”, que transmitía la entonces Televisora Nacional (TVN5), emisora de gran calidad para aquellos años (años 70), lejos de la ideologizada y chata actual.
Recuerdo haberlo visto y escuchado en un recital y tertulia que ofreció en aquellos años en la Casa Andrés Eloy Blanco, en mi ciudad (Cumaná). Lo evoco hoy con su liquilique blanco, y su voz y gestualidad muy características. Si bien tuvo afinidad política con la izquierda e, incluso, llegó a identificarse con la Cuba revolucionaria, su obra fundamental escapa a esas rotulaciones que encorsetan a una obra libre como la de Aquiles, como se le decía. Lamentablemente, pese a esto, sigue siendo manipulada su memoria; estoy casi seguro que no avalaría ese uso.
Conservo como un tesoro su libro Humor y Amor de Aquiles Nazoa, publicado inicialmente en 1979 en España, y reimpreso y reeditado varias veces. Tengo la edición de 1981, que produjera y distribuyera la Librería Piñango, en Venezuela.
En el 2021 publiqué en esta plataforma un post en su homenaje, que se centró en su famoso poema “Credo”; de estar interesados, pueden acceder a ese trabajo en el siguiente enlace. Esta vez quisiera honrarlo reproduciendo su delicado y hermoso poema, Balada de Hans y Jenny.
Se trata de un poema de un altísimo talante lírico, donde Aquiles recrea, con la emotividad que lo caracterizó, el amor inconcluso de una pareja que realmente existió: el escritor danés Hans Cristian Andersen, muy conocido por sus cuentos infantiles, y la soprano sueca Jenny Lind.
Creo que sobran mis comentarios a tan sublime poema, que copio para ustedes a continuación.
Balada de Hans y Jenny
Verdaderamente, nunca fue tan claro el amor como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.
Hans y Jenny eran soñadores y hermosos, y su amor compartían como dos colegiales comparten sus almendras.
Amar a Jenny era como ir comiéndose una manzana bajo la lluvia. Era estar en el campo y descubrir que hoy amanecieron maduras las cerezas.
Hans solía contarle fantásticas historias del tiempo en que los témpanos eran los grandes osos del mar. Y cuando venía la primavera, él le cubría con silvestres tusílagos las trenzas.
La mirada de Jenny poblaba de dominicales colores el paisaje. Bien pudo Jenny Lind haber nacido en una caja de acuarelas.
Hans tenía una caja de música en el corazón, y una pipa de espuma que Jenny le diera.
A veces los dos salían de viaje por rumbos distintos. Pero seguían amándose en el encuentro de las cosas menudas de la tierra.
Por ejemplo, Hans reconocía y amaba a Jenny en la transparencia de las fuentes y en la mirada de los niños y en las hojas secas.
Jenny reconocía y amaba a Hans en las barbas de los mendigos y en el perfume del pan tierno y en las más humildes monedas.
Porque el amor de Hans y Jenny era íntimo y dulce como el primer día de invierno en la escuela.
Jenny cantaba las antiguas baladas nórdicas con infinita tristeza.
Una vez la escucharon unos estudiantes americanos, y por la noche todos lloraron de ternura sobre un mapa de Suecia. Y es que cuando Jenny cantaba, era el amor de Hans lo que cantaba en ella.
Una vez hizo Hans un largo viaje y a los cinco años estuvo de vuelta.
Y fue a ver a Jenny y la encontró sentada, juntas las manos, en la actitud tranquila de una muchacha ciega.
Jenny estaba casada y tenía dos niños sencillamente hermosos como ella.
Pero Hans siguió amándola hasta la muerte, en su pipa de espuma y en la llegada del otoño y en el color de las frambuesas.
Y siguió Jenny amando a Hans en los ojos de los mendigos y en las más humildes monedas.
Porque verdaderamente, nunca fue tan hermoso el amor como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.
Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Aquiles_Nazoa
https://redangostura.org.ve/archivos/4525
Balada de Hans y Jenny recitada por el propio Aquiles Nazoa
Otro de los hermosos textos de Aquiles Nazoa: “Historia de un caballo que era bien bonito”, en su propia voz:
Un video de muy apropiada visión sobre Aquiles Nazoa
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