Hay escritores, en este caso narradores, que no pueden ser ignorados por los usuarios inclinados hacia la creación literaria. En español, y particularmente en Hispanoamérica, uno de los más grandes es el mexicano Juan Rulfo, autor de una obra inmensa aunque se reduzca a dos libros: la novela Pedro Páramo (1955) y la colección de cuentos El llano en llamas (1953), quien naciera el 16 de mayo de 1917.
Rulfo escribió una obra narrativa breve pero de un extraordinario valor, tanto en lo estrictamente literario como en el tratamiento que hace de la realidad de los pueblos (específicamente del mexicano, que le tocó vivir y conocer), sometidos a atávicas penurias (pobreza, hambre, guerras, muertes, etc.) y a cierta fatalidad; quizás coincidiendo con eso que Unamuno llamó el "sentimiento trágico de la vida", que según él marca a ciertos pueblos. En el caso mexicano, el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz consideró parte de esa fatalidad en su libro de ensayos El laberinto de la soledad.
Sabemos que Rulfo, sobre todo entre las décadas del 40 y 50, por su trabajo como empleado público, recorrió muchas poblaciones mexicanas, y con su cámara fotográfica hizo un testimonio visual de gran valor, no solo fotográfico, sino antropológico, social, y más allá. De ese trabajo de cuantiosas fotos, alrededor de 100 fueron publicadas, según he podido saber y ver.
Resaltaría aquí la relación que existe entre la narrativa y los logros fotográficos de Rulfo, sobre lo que se han escrito enjundiosos trabajos. Modestamente, solo presentaré unas citas de su Pedro Páramo, por supuesto, que tienen como escenario ese pueblo fantasmal que es Comala, y algunas fotos suyas, que la libre interpretación de los lectores podrán relacionar..
Son muchas las voces que hablan en la novela. Solo copiaré los textos.
El camino subía y bajaba; "sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja"
Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
-Comala, señor.
(…)
¿Y por qué se ve esto tan triste?
-Son los tiempos, señor.
Desde entonces la tierra se quedó baldía y como en ruinas. Daba pena verla llenándose de achaques con tanta plaga que la invadió en cuanto la dejaron sola. De allá para acá se consumió la gente; se desbandaron los hombres en busca de otros "bebederos". Recuerdo días en que Comala se llenó de "adioses" y hasta nos parecía cosa alegre ir a despedir a los que se iban. Y es que se iban con intenciones de volver (…), y después parecieron olvidarse del pueblo y de nosotros, y hasta de sus cosas. Yo me quedé porque no tenía adónde ir.
Porque tenía miedo de las noches que le llenaban de fantasmas la oscuridad. De encerrarse con sus fantasmas. De eso tenía miedo.
Y siguió: "Hace mucho tiempo que te fuiste, Susana. La luz era igual entonces que ahora, no tan bermeja; pero era la misma pobre luz sin lumbre, envuelta en el paño blanco de la neblina que hay ahora. (…) Yo aquí, junto a la puerta mirando el amanecer y mirando cuando te ibas, siguiendo el camino del cielo; por donde el cielo comenzaba a abrirse en luces, alejándote, cada vez más desteñida entre las sombras de la tierra".
A continuación, cinco fotos hechas por Juan Rulfo:
Referencia:
Rulfo, Juan (1975). Pedro Páramo. México: Fondo de Cultura Económica.