Hay un pedacito de tu piel que lleva mi nombre
hay un espacio en mi memoria donde habita tu recuerdo,
es un juego de azar esto de confiar en los sentimientos,
es un poco alocado todo lo que nos estamos diciendo.
Me buscas en bata en las noches por mis amplios sueños,
se me pierde la soledad cuando tu estás adentro,
puedo amarte sin fin, pero luego no recuerdo,
si es la realidad en la que vives, la misma que estoy viviendo.
Estoy tratando de verte a los ojos para buscar mi reflejo,
pero solo encuentro un amor ignoto navegando en lamentos
de ese pedacito de piel donde me llevas dentro.
No puedo resignarme a tenerte por contados instantes,
mi ilusión es egoísta y no quiere alejarse,
quiero tanto de ti que hasta podría darte,
el resto de mis respiraciones para que puedas quedarte.
Me muero un poco cada día, si, desde que tu te callaste,
en el desorden de la vida en que me dejaste es imposible amarte,
todo el tiempo se diluye en el agua sucia que se escapa por el desagüe.
En ese pedacito de piel sé que me llevas y que no me has olvidado,
en mi quehacer diario te pienso como si el tiempo no hubiera pasado,
me turba el silencio en nuestra casa que parece inmensa
me apunto en la sien con el dolor que me causa tu ausencia.
Me disparo cada noche con el implacable revolver de las culpas anidadas,
esas que viven en mi conciencia como en el infierno están las almas condenadas,
me resigno a diario a saber sólo de mi en cada recoveco de nuestra casa,
pero hasta la soledad te extraña, anda triste y desanimada.
En mi memoria se va borrando poco a poco tu sonrisa,
con tus fotos y tu ropa yo lucho a diario para que no se lleve la brisa,
el recuerdo que me dejaste germinando con la melancolía,
pero no puedo estar en todo. Sin que pueda evitarlo, pasa la vida.
Cada vez que salgo cubro con mantas blancas todas tus nostalgias,
me sigue sin rumbo la soledad a la calle, allá donde vaya,
en la algarabía de las obligaciones me olvido un poco más de ti,
no hay remordimientos, ni culpas, ni aniversario en abril.
Y un día sin quererlo lavo las sábanas blancas,
y el florero vacío se llena de lavanda aromática,
la soledad se fue sin despedirse, cuando ya no te extrañaba.
Ojalá te esté yendo igual de bien y que yo no te haga falta.
No hay un pedacito de mi casa donde recuerde tu nombre,
no hay sustitutas, ni recetas milagrosas, ni oraciones consoladoras,
solo una vida que se vive palmo a palmo y a cada hora,
una vida sin ataduras, sin retazos de un amor,
en mi casa no hay espacio para sobras, solo se acepta lo que está entero,
espero que allá donde estés no te queme mi nombre en tu piel,
y que recuerdes con una sonrisa, lo que fue nuestro amor verdadero.
Foto propia