Sola camino por los laberintos de mi ciudad, me cobija la bruma negra de la noche, las estrellas se han marchitado, ausente de cualquier luz, camino sin detenerme.
Cada paso que doy me envía a los confines de mi pasado, solo para hacerme recordar aquellos tiempos, tiempos en los que en mí afloraba la juventud, la prosperidad y los deseos de hacer realidad mis sueños.
Hoy cual pordiosera, ando en la vida, mendigando, no dinero, solo mendigando atención.
Los pies ya pesan como plomo de tanto trajinar, la ropa que llevo puesta ¡Que importa la ropa!
Solo sé que voy sin rumbo, sin un lugar exacto a donde llegar, así me lleva la vida ahora… sin descanso.
Cada muro que encuentro en mi pausado camino, me muestra un fantasma de la vida que antes tuve, un grito ahogado sale de mi garganta, ya ni fuerzas tengo para gritar, para decirle al mundo ¡Aquí estoy!
Las llagas en mis pies me dicen que tengo que descansar,
¿para qué? ¿De qué me vale ahora descansar?
Agotada, ya sin vida igual debo continuar, caminando este camino que hago con mí andar...
No ando mendingando dinero, solo mendigo amistad.