Estoy postrado frente al rostro de una agonía, mis ideas discuten si tienen paz, si puede considerarse calma el perder su letrado dogma.
Abatido, en mi cama, intento moverme, pero la postura mental me impide colocar con acierto los verbos y calificativos.
La reiterada pose del estancamiento me hace presa de una enfermedad, la veo subírseme a cien a la sien, es una escara en musa.
De pronto, el tejido de la prosa comienza sufrir y no hay anticuerpos de pensamientos que resistan el daño de aquel germen que se cuela por la vena poética y me hacen extrañar la lucidez simétrica de mis versos.
Necesito el desahogo de mis letras, pero al no mover a plenitud el cuerpo de mi inventiva, las úlceras afectan con desdén a mis escritos.
¡Cuanta impotencia! ¡Es que no hay ánimo! ¡Tampoco tengo espíritu en lo que digo! Todo suena igual tan común y con un sentido genérico, y yo no soporto ser uno más, no me siento a gusto repitiendo lo ya dicho, ni menos aún diciendo ningún nada siempre que nunca se quede conmigo la prófuga musa.
Me duele fuerte la estática de mi léxico..., la ansiedad desfiguró a mis rimas y contuvo el usual audaz movimiento en mis poemas.
Debo curarme y no existe otra prescripción que obligar a mi trova, estancada de gracia, a escribir cualquier algo para que la abrasión de mi parálisis no me haga perder la espalda que me dio el ingenio.
Esta es mi participación en el Concurso de Poesía de Literatos que celebra al genio y compatriota Rafael Cadenas, recientemente galardonado con el Premio Cervantes 2022.
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