AUTOESTIMA Y RESPETO
Y les dijo su padre:
“La educación será la mayor riqueza que puedan tener”,
esbozo la sobria sonrisa, con un abrazo fuerte a sus hijos dejó ver su notable gesto de orgullo. La charla había terminado y los tres pequeños hermanos se miraban unos a otros, como sintiéndose purificados...
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Con apenas 6 años de edad, el pequeño Juan, insistió en ir solo hasta la bodega, a buscar el pan del desayuno. Parado de puntillas en el mostrador resonó su vocecilla inocente:
“¡Buen día!, señor Manuel, sería tan amable de darme cuatro panes, por favor”
El panadero acostumbrado a los buenos oficios de los hijos del señor Pablo, le respondió:
¡Hola, Juan José!, aquí tengo tu encargo de todos los días. Les envías mis saludos a tus padres y diles que pronto les veré.
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Sus hermanos lo esperaron afuera al tiempo que compraban algunas frutas. Andrés, el mayor de todos, los tomó a ambos de la mano y fueron rumbo a casa sin desviarse, tal y como les enseñó su padre.
Cruzaron la calle, con cuidado, atentos a la luz de paso peatonal. Justo allí, al llegar a la otra acera, aparecieron los ‘más buscados’ del vecindario, chicos problemáticos, con toda intención de molestar tropezaron a ‘Segundo’, lanzándole al suelo.
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Andrés, lo ayudó a levantarse y acto seguido, se dispuso a enfrentar al grupo de malvados. Con el puño cerrado, conteniendo la ira, se refirió a ellos:
“Ustedes creen ser valientes porque actúan en grupo para cometer fechorías, estoy seguro que si anduvieran solos ni siquiera pudieran valerse por sí mismos”,
acaban de golpear a mi hermano sin razón alguna, pero les recuerdo que él vale más que ustedes y la próxima vez no correrán con la misma suerte.
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El grupo de chicos siguieron su camino propinando improperios. Pero con la frente en alto, Pablo Segundo, el hermano que fue golpeado, felicitó a Andrés por haber actuado con cordura.
Ese acto violento que ellos han cometido, no me afecta en nada, porque el valor de una persona está en quererse a sí mismo y actuar con inteligencia ante la más grande de las provocaciones. “No existe un arma más fuerte, que el uso correcto de la palabra...”
¡Ahora vámonos a casa! y olvidemos lo ocurrido.
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En la puerta les esperaba su padre, quien con una mirada general, les interrogó:
¿Cómo les fue? ¿Han tenido algún problema?,
Los tres hermanos se miraron unos a otros y sintiéndose como un templo, respondieron:
¡No hay de qué preocuparse!, nada que no se pueda resolver con algo de autoestima y respeto...
FIN
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