El hombre misterioso y su misterio
”Cuando tienes por costumbre perseguir fantasmas, purgando una pena, arrepentidos, revelan su misterio...”
Y lo perseguí, quería saber a dónde iba, con sigilo, marqué sus pasos a lo lejos sin dejarme ver.
Siempre he sentido que alguien me observa, pude decir: ¡Son los laberintos de la mente!, ¡Le pasa a los cuerdos y no cuerdos!, sin embargo, ahora, pienso diferente después de haberlo descubierto.
Ubicado por lo menos a dos cuadras de distancia, procuré mantenerme camuflado entre la multitud, solapar mi cuerpo, con el de algún transeúnte y pasar encubierto.
Durante años, veo lo que no debo ver, me aparto de la realidad por un momento y esa sombra reaparece, me deja ciego. Me sobran los motivos, para revivir estos momentos. Ya no estará más conmigo, sobre mi hombro, ni en el marco del espejo. Ahora frente a frente, no me apartaría de él hasta conocerlo, me he topado en mi camino con:
El hombre misterioso y su misterio…
Estando en mi posición no recomendaría a nadie jugar al rol de espía circunstancial, ni ponerse en marcha detrás de un extraño, sin ninguna razón, ni un porqué.
Fue mi caso, una especie de paranoica locura temporal, propiciada por un flagrante deseo de saber la identidad de otra persona, esa que descubrí por casualidad, yendo hacia un lugar incorrecto.
"Una especie de sombra que aparece con recelo cuando intento dar un paso para drenar la mente y tonificar la fibra inspiracional, antes de introducirme al estudio de las letras."
Tengo por costumbre caminar sobre las cabezas de la gente y pisar sus pensamientos, pero desde hace un tiempo, procuro levantar la cara y así evitar que por distracción me vea envuelto en algún ingrato suceso. Eso solo me permitió advertir su presencia. Entre el ritmo sórdido de la masa, sus mentes seguían sin rumbo, entre tanto, el hombre misterioso abría caminos.
Ahora mi hilarante pensamiento me conducía hacia un objetivo, el hombre sin reflejo, ése que va delante de mí cada vez que salgo al ruedo.
No se deja ver, ni tampoco le puedo alcanzar, pero lo intento, es objeto de mi preocupación, el predestinado motivo que se adelanta a mis acciones antes de que yo pueda cometerlo.
Fue así, como, solo, siempre en busca de algo más de la intensa soledad, para no sentirme influenciado por nada, ni nadie, en mi mundo de abstracto, donde habitamos mi desbocado sistema imaginativo y yo, recolectando tapices para cubrir la escritura temática, la cual surge del inesperado momento.
Cuando unido a mi otro yo, empezamos a desencadenar argumentos.
Flanqueábamos los mismos obstáculos, decisiones tomadas en el oportunismo, decisiones casi idénticas. Eran más mis ganas de ver su paradero, que andar a espaldas de alguien, tratando de burlar su atención.
Detallando a aquél sujeto, me llevaba la sorpresa en su andar pesado, seguro y a la vez ligero. No se molestaba en dirigir la mirada hacia ningún lado, como si un tercer ojo lo guiara o como si algún vigilante le cubriera, encargándose de despejar su trayecto.
"Parecía como si el mundo le quedara pequeño y en su mediana estatura y su talla promedio, no actuaba como un gladiador en arena de coliseo, no se creía héroe entre la multitud, más bien, atendía su rumbo sin detenerse ante pléyades, ni tropiezos."
Llegamos a un castillo ubicado en el centro histórico, siempre detrás, escondido lo vi mirar la torre de homenaje y el puente elevadizo. Yo solo esperaba que bajara de la almena donde, en meditación, se quedó inmóvil por algún tiempo, como tratando de tomar para sí, el testimonio de nuestros ancestros.
Yo disfrutaba lo que hacía aquel sujeto y me enlazaba a sus acciones, por un momento sentí admiración, parecía sabio. Traté de sentir lo que siente, traté de ser sus ojos por tan solo un momento.
No me interesaba ver su rostro, mi atención estaba fija en su andar y su misterio. Siguió su rumbo hasta una vega del río, y ahora fue el barquero el motivo de su introspección.
"Pensándolo bien, aquel hombre no era amenaza, evidentemente no hacía daño a nadie, solo iba escudriñando el mundo en su paz y su desasosiego".
Siguió mirando al barquero, como tratando de entender su oficio, en lo repetitivo de pasar gente de un lado a otro del río, como mercancía, y las aguas siendo su materia prima. Se acercó a la barca y subió, el barquero le ignoraba, tampoco le hacía peso a su embarcación. Pronto desabordó, se puso de nuevo en marcha como si conociera su destino.
"Sin notar llegamos a orillas del mar y bebió la espuma, hizo huellas en la arena. Arrojó su mensaje dentro de una botella, viéndola desaparecer en la semicircunferencia."
Caminó por la costa con su sombra detrás, aún más atrás, yo, no le perdía de vista...
"Así fue que subimos al risco y mirando la resaca, él parecía hacer un rezo. Cántico dejado al viento, fue melodía innominable, la cual no pude descifrar en ningún momento… luego de rodillas se dejó mecer, entendí que se libraba de todo su peso, pero fue más, se confesaba, entregando su confesión al firmamento… a varios metros de altura, se hizo próximo al borde de la roca, habiéndose despojado de todo, por primera vez vi su rostro y un gesto de resignación por lo que estaba haciendo…"
Supe inmediatamente las intenciones de aquel hombre, el fin, es como un mar negro y su profundo lamento, dejaba claro cual era su misterio.
El hombre misterioso en su misterio, tuve que alejarme de él para no conocer su más íntimo secreto…
Entre el tumulto de la sociedad, me sentí confuso, estaba de vuelta a la ciudad y entre oscuros recuerdos, decidí terminar mi paseo.
Nada más extraño que perseguirse a sí mismo, placentero, es saberse delante de la incoherencia de tu propia identidad. Con este hombre, di vueltas en círculos, guiándome a mi propósito, me dejó cautivo en mi asombro.
Finalmente llegué a casa, momento cuando la escritura a flor de piel me hacía su llamamiento, a punto de derramar con mis manos aquello de lo que mis ojos fueron testigos.
Mi asombro fue aún mayor e inexplicable, efímero, cierto, cuando presuroso, lo vi entrar a mi biblioteca, antes que yo, con su sombra y su misterio. Como si fuera así siempre, como si se hubiera arrepentido y todo aquello lo dejó para otro momento. Como si en lo profundo de su ser, le fuera habitual hacerlo.
"Como si, el hombre misterioso estuviera acostumbrado a su misterio..."
FIN
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