Cuando somos hijos, hermanos, tíos, sobrinos, tenemos exigencias y deberes; distanciamientos y cercanías. Según la familia que nos toque, cada quien se forma, siguiendo ejemplos o buscando perfiles diferentes a lo ofrecido en la formación y educación familiar, tratando de ser diferentes o buscando similitudes a su manera de ver e idear las cosas; rasgos o posturas que muchas veces difieren y se distancia de los valores y consejos del hogar.
Luego, al crecer y formar un hogar todo cambia en forma, contenido y sobre todo en responsabilidades. Atrás, van quedando las experiencias y las influencias tanto familiares como las foráneas. Institutos, escuelas, liceos, universidades, trabajos y sobre todo. las amistades que nos pueden ayudar a fortalecer nuestro carácter o confundir la realidad y el deber ser y podemos dar pasos sin un norte claro corriendo el riesgo de andar y movernos en caminos distorsionados, porque muchas veces cuando se es joven todo parece ser fácil e inmediato, sin problemas y sin consecuencias.Cada cual elige su camino, con sus aciertos y sus errores y en un abrir y cerrar de ojos nos hacemos adultos.
Hoy en día después que el verdadero amor tocó mi puerta y mi corazón y decidí formar un hogar, siento que lo soñado y lo vivido han puesto a prueba lo que soy y lo que puedo llegar a dar y compartir. Con mis virtudes y mis errores sé que he entregado lo mejor que puedo entregar.
Aunque como padre responsable quisiera no errar, sé que no siempre se toma la mejor decisión, no siempre tenemos la solución bajo la manga y las diversas situaciones que nos corresponde vivir puede que entristezcan el día, pero si hay algo que puedo asegurar, sin temor a equivocarme, es que el amor incondicional siempre ha estado en primera fila.
Muchas personas cercanas me han dicho en diferentes oportunidades que soy muy exigente conmigo en cuanto a cumplir promesas o cosas pendientes en mi entorno familiar más cercano y también con familiares o amigos, pero que con mis hijos lo llevo a un nivel mucho más alto.
Hoy, reflexionando, siento que mi esposa tiene mucha razón cuando me dice que muchas veces en vez de ocuparme, tiendo solo a preocuparme. De una forma u otra, no se por qué, a veces he sentido que he podido haberlo hecho mejor, que he fallado en algo y lógicamente esta actitud no es muy saludable que se diga, porque aunque a veces no sea de la forma que quiero, trato de hacer todo lo posible y un poquito más para lograr el bienestar.
Como padre azul, siento que el compromiso es aún mayor. Cuando veo a mis gemelos dudar o no desenvolverse con la fluidez deseada en un momento dado, me asalta el reproche y las preguntas inquisidoras, ¿lo estaré haciendo bien? ¿he hecho todo lo posible? ¿he descuidado en algún momento el deber ser, mi deber ser? ¿Porque siento que no he rendido? o ¿por qué no me he esforzado un poco más?, luego, como aliciente, vienen esos momentos reconfortantes donde veo sus avances y mejoras y toco el cielo, disimulando esa lágrima delatora o aclarándoles, que de alegría también se llora.
Quería de corazón, compartir con ustedes ésta, mi vivencia. Tal vez sirva para fortalecer a unos o para que otros sientan que realmente no están solos en esta hermosa cruzada de amor total y porque siento y sé que muchos de ustedes sienten y viven situaciones muy parecidas a la mía.
Todas las fotografías son de mi álbum familiar