La casa del viejo
«Ese viejo no es más que un loco solitario», Damián había oído esa frase en incontables ocasiones de boca de los mayores. El viejo vivía solo en el antiguo caserón del final de la calle. Un lugar descuidado al paso del tiempo que parecía estar medio en ruinas. Varias veces lo había visto deambular por el jardín trasero, tenía una pinta extraña. El niño y sus amigos del barrio lo espiaban a menudo desde detrás de la verja de acero que rodeaba la casa, la cual estaba adornada con una hilera de raquíticos setos que nadie cuidaba.
Era un día lluvioso igual que todos los días de las últimas semanas. El taponado cielo imponía su grisáceo aroma con pesadez, era como si la ciudad se hubiese sumido en un desconcertante letargo. Damián había salido de casa a escondidas. Quería encontrarse con sus amigos en la tienda de comics pero, sin saber muy bien cómo, se vio parado frente a la puerta lateral de aquella casa, habitualmente cerrada. Ese día no era así, ese día la puerta estaba abierta.
Una delicada risa de niña le sobresaltó. La vio cruzar corriendo dentro de la casa, a través de una de las ventanas. «¿Una niña nueva? Quizá el viejo no está tan solo, puede que sea su nieta…». Sin saber muy bien por qué, puede que atraído por la chiquilla, el niño se vio a sí mismo empujando la primera puerta hasta dejarla atrás. Seguía lloviendo, comenzaba a apretar.
«Damián…», un delicado susurro que parecía venir de ninguna parte hizo que el niño siguiera adelante. Pasando un breve sendero de losas quebradas llegó a la escalera que daba acceso a la casa. Ahí la encontró.
- Hola, ¿quién eres? –la voz del niño se desvaneció nada más salir de su boca. Ella lo miraba, sonriente. Parada justo en el umbral de acceso a aquella descuidada casa. Hizo un gesto al chico para que la siguiera. Se volteó y entró corriendo a la casa del viejo.
El niño la siguió sin pararse a pensar cómo sabía su nombre si nunca se habían visto antes. Ya estaba dentro, oyó el apresurado corretear de la niña en el piso de arriba. El suelo de madera crujía a cada paso que daba. Las puertas que había cruzado se cerraron detrás suyo, ya era demasiado tarde...
Es en los rincones de aquel caserón donde descansan los malos sueños de los niños y niñas de aquel barrio.
Este es un microrrelato que escribí y compartí hace unos dos años; encuentra aquí la publicación original. He pensado que voy a revisar y ordenar mis textos, mis relatos y mis poemas; corrigiendo aquí y allá, tratando de mejorarlos. Además, un poco de organización no vendrá mal a la hora de tratar de darles uso. Así que los que vaya teniendo listos y/o me gusten, los traeré de nuevo por aquí para conocer sus opiniones.
¡Saludos y gracias por pasar a leer!